Romanos 5:1-2 La Justificacion por la Fe
Efesios 1:3-4; Juan 15:1-5 La Union con Cristo
Juan 3:1-15 Ordo Salutis, Llamamiento eficaz y Regeneracion
Sermon: 1 Corintios 1:30-31 Jesus: la Esencia del Evangelio
Romanos 3:9-20 La Condenacion: La Necesidad del Evangelio
Mateo 26:1-16 El Complot para Matar a Jesus
Mateo 25:31-46 El Juicio Final
Mateo 25:14-30 La Parabola de los Talentos
Mateo 25:1-13 La Parabola de las 10 Virgenes (No son todos los que estan)
Sermon: Mateo 16:13-20 La Confesion de Cesarea de Filipo
Salmo 19 Los Atributos de las Escrituras
Sermon: Salmo 139:23-24 El deber y practica del auto examen espiritual
Sermon Mateo 14:13-21 La Alimentacion de los 5 mil
Sermón: Hebreos 4:14-16 El hermoso corazón de Jesús
Hebreos 4:14-16 “14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”.
Es parte de la vida que los polluelos que uno ha criado dejen el nido. Nosotros hemos comenzado a experimentar esa nueva etapa de la vida. Y como todo padre uno se pregunta sin se mantendrán en contacto con nosotros. Si por el hecho de estar en otro país o pueblo y el hecho de estar tan ocupados con sus nuevas experiencias sacarán tiempo para acordarse de nosotros, los padres.
Yo me imagino que en un sentido eso fue lo que pensaría el padre del hijo pródigo. Cuando ese muchacho salió de su casa no tenía la mínima intensión de regresar. Salió de allí y no miró para atrás. Su enfoque era vivir en los placeres del mundo: en bebe latas, en mujeres, en fiestas. Él vivía perdidamente, pródigamente. Y me imagino que no se preocupó de llamar ni de preguntarse cómo estará mi padre y mi hermano, mi familia.
Cuando alguien querido a uno se va de nosotros la pregunta y el temor siempre están presente: se acordará de nosotros, se enfriará su amor por nosotros, perderemos el contacto, etc. Esos mismos temores estuvieron en la mente y en el corazón de los discípulos cuando Jesús les dijo que su hora había llegado para que El regresara al Padre. Y esto les llenó de temor y ansiedad. Y esos mismos temores tenían los creyentes hebreos a quienes el escritor de esta carta les dice: “14 Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15 Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Mira la preocupación de los hebreos y que por lo visto es común a los creyentes, a nosotros. Hay varias cosas aquí. Por un lado, los creyentes sufren de tentaciones, en el contexto: la tentación de apartarse del evangelio. La tentación y el temor de no ser lo suficientemente fuertes para soportar la persecución que padecían. Y la posibilidad de apartarse y negar su fe. Y la realidad de que algunos de entre ellos ya se han apartado. Por eso el versículo 14 habla de “retengamos nuestra profesión”. Hermanos, las aflicciones, persecuciones y demás pruebas se convierten en tentaciones para apartarnos del evangelio. Debemos estar alertas ante esa realidad.
Lo segundo que podemos ver es la realidad de que Jesús no está con nosotros físicamente. Como dice el versículo 14 nuestro sumo sacerdote “traspasó los cielos”. Ya no está con nosotros físicamente. Y esto es importante. ¿Sabes por qué? Porque Él era la misma fuente de consuelo para sus discípulos. Si los acusaban, Jesús salía en su defensa. Si tenían dudas sobre qué hacer Jesús dirigía y corregía sus dudas y pensamientos. Su presencia física era consuelo para ellos porque le veían, le oía hablar, sentían su presencia, lo conocían en su misma presencia. Pero eso ha cambiado. Jesús no está físicamente con nosotros. Y nosotros la iglesia del siglo XXI jamás hemos experimentado la presencia física de Jesús.
Y lo tercero que podemos ver es cómo esa separación y esa realidad de que Jesús está en los cielos en un cuerpo glorificado, en un ambiente totalmente diferente de lo que vivió hace dos mil años atrás, con la compañía de los ángeles, las almas de los justos hechas perfectas en santidad, nos podría llevar a pensar que Jesús, aunque se compadece de nosotros ya no lo hace de la misma manera ni con la misma intensidad que antes. ¿Se ha perdido algo de la intensidad de esa identificación entre Jesús y sus hermanos? Esa es la preocupación. Y en un sentido todos nosotros hemos experimentado en nuestros corazones algo de este temor.
A lo cual el autor de hebreos nos dice: no pienses así. ¿Por qué? Porque esa no es la realidad. Nosotros tenemos un sumo sacerdote que ha traspasado los cielos. El es Jesús el Hijo de Dios. Tenemos a alguien en los mismos cielos, delante mismo del trono de Dios. Es más sentado a la diestra de Dios Padre. Y quien además intercede por nosotros. De esto podemos ver por lo menos tres cosas: 1. El amor compasivo de Jesús o su hermoso corazón por nosotros. 2. La confianza que esto debe producir 3. La retención de nuestra profesión.
I. El amor compasivo de Jesús o su hermoso corazón por nosotros
Ese es hermanos el ancla de estos versículos. Fíjate que nos habla de un sumo sacerdote compasivo. ¿Compasivo por quienes? Por nosotros. El autor habla en primera persona plural constantemente. El nos dice: teniendo, tenemos, nuestras, acerquémonos. ¿Y compasivo de qué? De nuestras debilidades. Sí, hermanos, nosotros somos débiles. ¡Cuán frágiles somos! Cuán fácil es que nuestro corazón se agite. Cuán fácil es desmotivarnos. Pero Jesús es compasivo sobre nosotros en medio de nuestros problemas, de nuestras locuras y nuestros pecados. Aún nuestros pecados despiertan la compasión de Jesús por nosotros.
Jesús ha traspasado los cielos. Pero no ha dejado de ser compasivo por nosotros. ¿Cómo lo sabemos? Nos dice Thomas Goodwin: porque Jesús lo demostró cuando antes de irse les revela su corazón a sus discípulos para que tengan paz.
Miremos Juan 13:1 “1 Antes de la fiesta de la pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para que pasase de este mundo al Padre, como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Fíjate que sabiendo Jesús que su hora había llegado para regresar al Padre. Esto es algo que Jesús deseaba. Lo sabemos porque El más adelante lo dice en la oración sacerdotal en Juan 17:5 “5 Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese”. Pero Jesús nos dice algo más en Juan 13:1. Aunque El sabe que su hora ha llegado para regresar al Padre su mente estaba concentrada, fija, no en las glorias del cielo, sino en aquellos que había amado; “como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”. Su mente y su corazón estaban fijos en los suyos. Lo cual denota dice Thomas Goodwin la más grande cercanía, aprecio e intimidad fundada en que los creyentes le pertenecen a Él. Nosotros somos de El y El es de nosotros.
¿Qué es lo que está diciendo Jesús? Aunque yo subo a los cielos llevo conmigo mi mismo amor que he tenido con ustedes mientras estaba en la tierra. Aunque esté en la gloria de los cielos, con el Padre y el Espíritu Santo, en medio de todos los deleites que hay allí, mi amor por ustedes no ha cambiado lo más mínimo sino todo lo contrario. ¿Cómo así? Porque ahora mi amor por ustedes ha tenido, en la humanidad de Jesús, una perfección ya que poseo un cuerpo y alma glorificada. Ha sido ampliado, solidificado, fortalecido realmente.
Desde el capítulo 13 al 16 de Juan, Jesús no hace ninguna otra cosa que abrir su corazón amoroso a sus discípulos para sostenerlos en medio de la prueba de su separación. Lo hace cuando les lava los pies a ellos. Juan 13:3-5 “3 sabiendo Jesús que el Padre le había dado todas las cosas en las manos, y que había salido de Dios, y a Dios iba, 4 se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. 5 Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba ceñido”. Es como si Jesús les dijera: yo vine para servirles, para salvarles de sus pecados, y esta expresión de amor que hago con ustedes es una muestra más de lo que haré por ustedes cuando esté en la gloria de mi Padre. Y a todos los que vienen a mí cuando esté en la gloria lavaré todos sus pecados. Ellos ya están todos limpios solo tienen que lavarse los pies (Juan 13:10). Pero también les enseñó con el lavatorio de los pies a amarse los unos a los otros, a servirse los unos a los otros y a perdonarse los unos a los otros, que es lo que significa además lavarles los pies. Juan 13:14 “14 Pues si yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros”.
Su amor y compasión por los suyos lo reveló también en Juan 14:3 “3 Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis”. Dice Thomas Goodwin: “El habla como le habla el novio a su prometida. Y con esto les dice: la verdad es que yo no puedo vivir sin ustedes y por tanto no estaré “tranquilo” hasta que ustedes lleguen aquí, y nunca más nos separaremos. Los cielos no pueden retenerme, ni la compañía de mi Padre; si tengo alguna gloria ustedes serán parte de ella”.
Esa es una muestra del corazón compasivo de nuestro Señor Jesús por nosotros. Aunque El ha subido a los cielos su amor y compasión por nosotros no ha cambiado sino todo lo contrario. En su naturaleza humana su amor ha tenido una perfección por nosotros. El sabe lo que sufrimos. El sabe con un corazón perfecto en amor nuestras luchas, nuestras lágrimas, nuestros dolores, nuestras frustraciones, nuestras locuras y nuestros pecados. Y cada uno de ellos lo mueve a mayor compasión por nosotros. Y máximo cuando El “fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado”. Él fue tentado por Satanás a abandonar el camino de la cruz, a escoger una profesión cristiana más suave que no sea dolorosa ni difícil. Pero El venció y derrotó a Satanás por amor a nosotros.
Y esto debe producir en nosotros confianza.
II. La confianza que esto debe producir
Hebreos 4:16 “16 Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro”. Todos nosotros somos testigos contra nosotros mismos de las malas decisiones que hemos tomado, de las palabras que no debimos haber dicho, de los pecados que hemos cometido, de las locuras que hemos hecho, de la frialdad de nuestros corazones. Y cuando somos sensibles a los mismos podría haber temor en nosotros de acercarnos a Dios. Cuando uno falla y peca a veces no nos atrevemos a darle la cara a esa persona. Nos sentimos avergonzados, decepcionados con nosotros mismos. Y la tendencia es a alejarnos de esa persona.
Cuanto más es así cuando tenemos convicción de pecados y no nos atrevemos a acercarnos a Dios mismo. Así hicieron Adán y Eva. Cuando Dios les llamó en el frío de la tarde ellos se escondieron de Él.
Pero que nos dice aquí el autor de hebreos. Mira el corazón compasivo de Jesús. El se compadece de nuestras debilidades, de nuestros sufrimientos y tribulaciones y de nuestros pecados mismos. Y hay algo súper importante que no debes perder de vista. El amor compasivo de Jesús revela el amor compasivo del Padre por ti. ¿Cómo así? En el versículo 14 se nos dice que Jesús es un gran sumo sacerdote. ¿Quién lo escogió a tal oficio? Fue el Padre. Fue El quien lo escogió para que fuera sumo sacerdote para nosotros. Y todo lo que Jesús hizo para salvarnos fue en obediencia a la voluntad del Padre. Pero no solo eso. El es llamado Jesús el Hijo de Dios. El es el Hijo del Padre. El es engendrado del Padre desde la eternidad. Y como El es la imagen perfecta de su Padre, el Hijo lleva el mismo amor del Padre por nosotros en su corazón. Y además El es llamado aquí Jesús. Fue el Espíritu Santo quien unió la persona divina a la naturaleza humana en su encarnación. Y esto revela el amor del Espíritu Santo por ti. Fue el Espíritu Santo quien capacitó a Jesús para poder ser un perfecto Salvador. El recibió el Espíritu Santo sin medida. Y esto para ejercer su oficio de Redentor para nosotros. En otras palabras, el amor compasivo de Jesús revela el amor compasivo de la Trinidad misma por cada uno de nosotros.
Por tanto, nos dice el autor de hebreos: mira a Jesús y acércate al trono de la gracia. Acércate a Dios mismos por medio de Jesús. Pero acércate con confianza de que vas a ser recibido y escuchado y perdonado. Acércate con franqueza. A Dios no podemos engañar. La palabra confianza en griego es [παῤῥησία] que viene de pas: todo; resía, hablar. Díselo todo a Dios. Que no te quede nada en el corazón. El desea escuchar tu corazón que dice: Señor ayúdame que me ahogo, ya no puedo más. Dile cómo te sientes. Ten valor de hablarle de corazón a corazón.
Así que el corazón compasivo de Jesús nos debe llevar a acercarnos a Dios con confianza sin temor a ser rechazado. Nos debe llevar a una vida de oración. Con la seguridad que en Dios hallaremos lo que no hallamos entre los hombres cuando fallamos: misericordia y gracia para el oportuno socorro. Misericordia porque vivimos en un mundo lleno de miseria y sufrimiento. Y gracia que nos sostiene y fortalece para seguir adelante sobre toda oposición.
Y todo esto nos dice el autor de hebreos nos debe estimular a retener nuestra profesión de fe.
III. La retención de nuestra profesión
V. 14 “retengamos nuestra profesión.” La palabra retengamos significa asir algo, como cuando agarramos a alguien y no lo queremos soltar. Significa aferrarse, prenderlo. Y la palabra profesión significa “una misma palabra o confesión”. ¿Cuál es la idea? El tener a Jesús el Hijo de Dios en los cielos intercediendo por nosotros nos debe producir una plena confianza para seguir firmes en nuestra fe como cristianos.
El saber que el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo es por nosotros debe ser el incentivo más poderoso para vivir en santidad. Porque sabemos que Jesús no descansará hasta ver que seamos libres de nuestros pecados. Y estos pecados le mueven a mayor compasión aun cuando El los odia.
No olvidemos hermanos que cada prueba, tentación y miseria que podamos sufrir Jesús ya la sufrió y su corazón, que recuerda tales sufrimientos, lo mueve a liberarnos de tal aflicción.
Si tan grande es ese amor por nosotros piensa entonces cuanto le duele a Jesús cuando pecamos y desobedecemos. Herimos su amoroso corazón cuando pecamos.
Entonces hermanos retengamos nuestra profesión. Sigamos adelante con un corazón obediente. Sigamos creyendo con convicción las verdades que hemos aprendido. No dejemos que el mundo dicte lo que debemos creer. Yo sé que todos los días escuchamos lo que el mundo piensa. Y tanto está dando en nuestros oídos que lo podemos asimilar sin pensarlo bien. Y terminamos diciendo: qué culpa tienen los homosexuales de haber nacido así. ¿Acaso las mujeres no son dueñas de sus propios cuerpos y deben tener libertad para abortar? Si yo amo a mi pareja sinceramente y él me ama a mí, no es necesario firmar un papel que diga que estamos casados. Y hermanos podemos seguir multiplicando la mentalidad del mundo y concluir como me han dicho: yo quiero estar del lado correcto de la historia. Oh hermanos, lo importante es estar del lado correcto de la eternidad. Hay un cielo y hay un infierno de fuego. ¿De qué lados vamos a estar?
Retengamos nuestra profesión. Para los cristianos hebreos como para nosotros significa no dejar de congregarnos. No importa si hay persecución. No importa si nos tratan como ciudadanos de segunda clase. Somos llamados a adorar a Dios pública como privadamente. Y esto como un testimonio de que, aunque hay muchas cosas importantes en mi vida lo más importante es Dios y su adoración. Conocerle, amarle, adorarle, es lo más importante que todo lo demás. Porque para eso he sido creado y salvado.
Sí que hermanos conociendo del amor compasivo de Cristo por nosotros en los cielos acerquémonos con confianza ante Dios. Abramos nuestro corazón a El como El lo abrió a nosotros en Cristo Jesús y seamos fiel a nuestra fe. No dejemos de perseverar porque su misericordia y gracia nos acompañan en el oportuno socorro.
Sermón: Jeremías 6:16 Las Sendas Antiguas de los Puritanos ingleses
Jeremías 6:16 “16 Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos”.
Cuando uno lee pasajes como éste uno se maravilla no solo del contenido del mensaje sino de la manera en la cual Dios lo comunica. ¿Qué quiero decir con esto? Con esto quiero decir que Dios trabaja con nosotros de diferentes maneras. Así como un padre trabaja de diversas maneras con sus hijos cuando desean que hagan algo en particular. Por ejemplo, el padre tiene la autoridad de ordenarle a un hijo: quiero que recojas tu cuarto que tienes un verdadero reguero. El padre puede incluso amenazar a su hijo si no cumple la orden. Pero un padre puede también acercarse a un hijo y decirle: sabes qué: me gustaría que me hicieras un favor: podrías recoger el cuarto.
Dios trata con nosotros de la misma manera. En este pasaje lo podemos ver claramente. Dios tiene autoridad sobre su pueblo para decirles: este es tu deber y Dios lo hace muchas veces. Y nosotros debemos obedecer porque Dios lo dice y punto. Muchas veces Dios hace eso: nos pide que obedezcamos por el solo hecho de que El lo ordena. Y eso está perfectamente bien. Dios es nuestro creador y Él es soberano y por tanto tiene derecho y autoridad para imponer leyes sobre nosotros y ordenarnos que las cumplamos. En otras veces Dios amenaza a su pueblo. En otras les da razones basados en la historia de la salvación. Y les recuerda que Dios los libró de la esclavitud en Egipto y de otros males. Y en el NT a veces Dios nos motiva a obedecer al decirnos que Su Espíritu mora en nosotros. Como lo dice Pablo en Gálatas 5:25 “25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu”. Y nos trata de una manera tierna.
Así lo hace aquí. Dios le habla a un pueblo rebelde. Les habla por medio del profeta Jeremías quien vivió durante la caída de Jerusalén y vio y vivió toda la tragedia. El vivió para los años 600 A.C. Y en el contexto del pasaje Dios está amenazando al pueblo de Judá lo que les sucederá por su desobediencia. Pero en medio de esas amenazas El revela que su corazón está dispuesto a perdonarles. Lo podemos ver en el versículo 8 “8 Corrígete, Jerusalén, para que no se aparte mi alma de ti, para que no te convierta en desierto, en tierra inhabitada”. Y en el versículo 16 les da un consejo. Fíjate que, aunque Dios puede ordenarles cualquier cosa que El desee, El les habla como dándoles un buen consejo. Y la imagen detrás es la de un viajero que está perdido tratando de ver por dónde debe ir. ¿Cuál es la ruta correcta a seguir? Y les dice: no sigas adelante, para por el momento, mira las alternativas, las diversas rutas a seguir. ¿Cuál es la ruta correcta? Dios les aconseja: “preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él,”. Pregunta por los caminos del pasado. Allí encontrarás muchas cosas buenas y que te serán de bien y de guía. Fíjate que el pasaje reconoce que no todas las cosas del pasado necesariamente eran buenas. A veces podríamos pensar que el pasado fue perfecto y lo correcto es repetir absolutamente el pasado. Pero eso no es lo que dice el pasaje. “Pregunta por las sendas antiguas”: pregunta acerca de cómo nuestros padres espirituales del pasado pensaron, actuaron y vivieron según la Palabra de Dios, según la ley de Moisés. Y analiza cuál es lo bueno que hicieron. Cuál es el mejor curso de acción. Y entonces anda por ese camino. Pero no debemos pensar que l criterio para determinar el camino es lo que yo crea que es el camino. No es así. Ya Dios les había revelado a ellos por medio de la ley y de los profetas cuál es el camino que deben seguir. Por eso Dios les amenaza, V. 19 “porque no escucharon mis palabras, y aborrecieron mi ley”.
Y Dios les da un motivo para así hacerlo: “y hallaréis descanso para vuestra alma”. Entonces disfrutarás del favor de Jehová. Gustarás de la bondad de Dios. Y verás que Dios será un santuario para ti: un lugar de refugio. Y disfrutarás de la compañía de Dios. Aquí hay una gran verdad para nosotros: solo hay paz para nosotros cuando obedecemos la Palabra de Dios.
Fíjate que el consejo es mira el pasado, aprende de él. No temas imitar lo bueno del pasado y desechar lo malo. Camina en esas cosas buenas y recibirás bendición. Aprende lo bueno del pasado para que vivas el presente y sepas cómo prepararte para el futuro.
De eso queremos predicar en el día de hoy. Este mes es el mes en el cual recordamos la Reforma Protestante. Y deseo que miremos lo que hicieron nuestros padres espirituales del pasado. Para que aprendamos de las cosas buenas que hicieron. Desechemos los errores que cometieron y podamos dirigirnos al futuro.
Pero esta vez no pienso tratar de los Reformadores magisteriales. No vamos a tocar ni a Lutero, ni a Calvino ni a Knox. Hoy solo deseo introducirles a nuestros padres espirituales que dieron forma a nuestra doctrina. ¿De quiénes hablo? De nuestros padres espirituales que nos dejaron los estándares de Westminster, que son la base doctrinal de nuestra denominación y de esta iglesia. Quisiera introducirles a los ministros puritanos ingleses del siglo XVII, quienes redactaron nuestra confesión de fe. Conocer sus vidas, aprender de su fe e incluso aprender de sus errores. Y deseo que lo veamos en tres partes. 1. ¿Quiénes eran los ministros puritanos ingleses del siglo XVII? 2. ¿Qué logros cosecharon? Y 3. ¿Qué principios espirituales nos pueden enseñar hoy día?
I. ¿Quiénes eran los ministros puritanos ingleses del siglo XVII?
Los débiles comienzos de la Reforma de la iglesia de Inglaterra se dieron durante el reinado de Enrique VIII. El rey de Inglaterra y la iglesia anglicana se separan de la iglesia Romana porque el papa no le concede a Enrique el divorcio de su esposa Catalina de Aragón de España. Y aunque Enrique VIII siempre fue y murió católico romano tal separación de Roma favoreció indirectamente, sin Enrique proponérselo, el avance de la teología de la Reforma.
A la muerte de Enrique (1547) le sucede su hijo Eduardo VI quien fue educado y criado protestante. Así las cosas. Y durante su breve reinado de 6 años, ya que muere a la edad de 16 años, la Reforma en la iglesia anglicana se mueve a grandes pasos bajo la dirección del Arzobispo de Canterberry, Thomas Cranmer, quien era protestante.
A la muerte de Eduardo VI (1553) le sucede su media hermana hija de Enrique VII con Catalina de Aragón. Y ella era católica romana a le enésima potencia. Restaura el catolicismo en Inglaterra y comienza una persecución severa contra los ministros protestantes en la iglesia anglicana. Ordena a la hoguera a más de 300 ministros incluido Thomas Cranmer. Tan violenta era María Tudor que la llamaron: María la sanguinaria o en inglés Bloody Mary. Otros ministros ingleses logran escapar y viajan a Ginebra, a Suiza y a Holanda. Y allí disfrutan no solo de paz, sino que ven con sus propios ojos lo que ellos llamaron después: el ejemplo de las mejores iglesias reformadas, bíblicas según el modelo del NT.
Cuando muere María la sanguinaria (1558) asume al trono de Inglaterra otra media hermana llamada Elizabeth I, la reina virgen ya que nunca se casó. Ella era protestante. Y durante su reinado la Reforma en Inglaterra regresa con paso firme. Muchos de los ministros ingleses que habían huido al continente europeo regresan a Inglaterra. Pero para su sorpresa y tristeza la Reforma en Inglaterra, según ellos la veían, se había quedado a mitad. Había muchos ministros sin educación teológica, pobre piedad en las cosas espirituales, ninguna disciplina eclesiástica y muchos residuos del catolicismo romano en la adoración y en la forma de gobierno eclesiástico. Y ellos procuraron purificar a la iglesia de Inglaterra de tales males. Por tal intento de reforma fueron llamados en forma de burla por los ministros anglicanos: puritanos.
¿Quiénes eran ellos? Ellos eran ministros que recibieron una de las mejores educaciones teológicas del momento. La mayoría de ellos estudiaron en Oxford y en Cambridge. Ellos eran verdaderamente pastores que se dieron la tarea no solo de enseñar la teología de la reforma según la aprendieron de los reformadores sino se dieron la tarea de estudiar cómo Dios obra en el corazón de su pueblo para santificarlos. Su meta era ayudar a cada creyente a glorificar a Dios en todas las áreas de su vida: como carpinteros, toneleros, maestros, esposos, esposas, hijos, padres, amas de casa, etc. Ellos eran grandes soñadores que deseaban ver no solo a la iglesia de Inglaterra purificada según la Palabra de Dios sino ver a una sociedad transformada por el poder de Dios a través del testimonio de cada creyente. Soñaban que cada familia fuera una pequeña iglesia en donde todos los días se leyera la Biblia, se orara, se cantaran los salmos y se catequizaran a cada miembro de la familia. Deseaban descubrir a la luz de la Biblia cuáles son las diversas artimañas que usa Satanás para desviarnos del camino de la verdad. Qué es lo que implica a profundidad el vestirnos de toda la armadura de Dios. Y cuando digo profundidad digo que el ministro puritano William Gurnall escribió un libro de sobre más de mil páginas explicando lo que significa cada una de las partes de la armadura de Dios, y cómo aplicarla para toda situación de lucha espiritual. En fin, ellos eran verdaderos médicos del alma, calvinistas robustos, sabios evangelistas, poderosos en las Escrituras y grandes en la piedad y santidad.
No eran perfectos. A veces perdían la paciencia cuando no lograban convencer. Algunos tenían tendencias polarizantes: solo existen dos grupos: nosotros y los demás. Y no eran 100% homogéneos. La mayoría eran presbiterianos. Pero había también anglicanos puritanos, unos pocos congregacionalistas y otros más pequeños bautistas e incluso hubo un ministro puritano arminiano. Pero la mayoría eran reformados. Es de esos ministros que queremos hablarles. Algunos de sus nombres son: John Owen, Thomas Goodwin, Thomas Watson, Ezekiel Hopkins, Richard Baxter, Jeremiah Burroughs, etc. entre alrededor de 2 mil ministros.
Ellos fueron grandes luchadores. Y aunque no lograron la mayoría de lo que se propusieron sí cosecharon grandes logros. ¿Cuáles son algunos de ellos? Veremos.
II. ¿Qué logros cosecharon?
Ellos nos dejaron mucha riqueza espiritual. Entre las cosas que hemos heredado de ellos podemos señalar:
1. Los estándares de Westminster. Esa es nuestra confesión de fe. Más de 100 ministros participaron de la creación de la misma. Y quienes trabajaron por espacio de 6 años durante la guerra civil inglesa. Y nos dejaron posiblemente la mejor confesión reformada jamás escrita. Y una de las mejores confesiones modernas de gran autoridad. Abrazada por presbiterianos, congregacionalistas y bautistas reformados hasta el día de hoy como un testimonio de la unidad dentro de la diversidad en el campo reformado. ¿Quién no puede quedarse anonadado con la precisión, profundidad y biblicismo de las preguntas y respuestas del Catecismo Menor diseñado para educar a los niños y a los nuevos en la fe? Por ejemplo, la pregunta y respuesta #1 ¿Cuá es el fin principal del hombre? El fin principal del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de El para siempre. Y la pregunta y respuesta #4, ¿Qué es Dios? Dios es un espíritu, infinito eterno es inmutable en su ser: poder, sabiduría, santidad, justicia, verdad y bondad. Y qué de la pregunta y respuesta #21 ¿Quién es el Redentor de los escogidos de Dios? El único Redentor de los escogidos de Dios es el Señor Jesucristo, quien siendo el Hijo eterno de Dios se hizo hombre. Y así era y sigue siendo para siempre Dios y hombre en dos naturalezas distintas y una sola persona. Y podríamos seguir multiplicando ejemplos.
2. Libertades religiosas. Aunque la mayoría de ellos sufrieron destierros por sus convicciones cuando la iglesia de Inglaterra por causas políticas se volvió anglo-católica y arminiana, sus luchas políticas produjeron el Acta de Tolerancia de 1689. En el mismo se reconocía la libertad religiosa en Inglaterra para los diversos grupos de protestantes. Nosotros somos herederos de tales libertades a través de la Carta de Derechos americana y puertorriqueña. Pero esas libertades se adquirieron por medio de las guerras de religión.
3. Una increíble literatura evangelística, pastoral y de vida práctica posiblemente jamás superada por ninguna generación de cristianos ni antes ni después de ellos. Sus escritos son leídos con gran avidez por muchos hoy día. Al punto que RC Sproul consideraba sus escritos como proféticos para hoy día. Paul Washer dice: Es con la más grande urgencia que motivo a los jóvenes cristianos a leer los puritanos. John Piper: los puritanos fueron las sequoias (Redwoods) teológicas y devocionales del mundo occidental. Los mejores cirujanos del alma. Kevin Deyoung: Siempre he encontrado sus escritos edificantes y profundamente espirituales. No encontrarás mejores médicos del alma.
De los escritos de ellos y del ejemplo de sus vidas hay mucho que podemos aprender. La iglesia de Cristo se ha empobrecido muchos al no estudiar los escritos de estos Redwoods espirituales. ¿Qué nos pueden enseñar?
III. ¿Qué principios espirituales nos pueden enseñar?
Hay varias sendas antiguas que los puritanos ingleses nos pueden ayudar según la Palabra de Dios. ¿Cuáles son algunas de esas sendas antiguas?
1. Una visión holística de la vida cristiana.
¿Qué significa eso? Significa que la vida cristiana es un todo. No debemos separar ninguna área de nuestra vida del poder santificador de Dios. Yo he conocido personas que son excelentes en su trabajo. Que son excelentes en cómo manejar problemas con compañeros del trabajo y que saben cómo ganárselos con paciencia, con dulzura, etc. Pero no aplican tales principios en el hogar. Entonces son muy rudos e impacientes con la familia.
Los ministros puritanos nos pueden ayudar a ver en la práctica lo que es una visión holística, toda integrada de la vida cristiana. Toda nuestra vida le pertenece a Dios. No hay área de nuestra vida en la cuál Dios no diga es mía porque “El la compró con la sangre de Cristo” (1 Corintios 6:20). Y debemos procurar en la vida práctica lo que Pablo nos enseña en 1 Corintios 10:31 “31 Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios”. No hay nada trivial en nuestra vida fuera del poder santificador de Dios.
2. La total suficiencia de las Escrituras.
Los puritanos ingleses eran maestros de la Palabra de Dios. La leían, la estudiaban, la memorizaban, meditaban en ella y buscaban la dirección del Espíritu Santo por medio de ella. Si había alguna duda sobre qué hacer por ejemplo en cómo corregir a un niño rebelde, ellos iban a la Palabra de Dios a buscar dirección en la fuente misma de la sabiduría: la divina. Y por tanto sabían que el libro de Proverbios fue dado como una guía para vivir la vida del pacto según la revelación de Dios. Iban a los pasajes claves sobre la crianza de sus hijos y buscaban la dirección de Dios allí. Y se preguntaban: por qué mi hijo está tan rebelde. Efesios 6:4 nos dice: “4 Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. Y ellos se auto-examinaban y se preguntaban: Dios me dice que no provoque a ira a mis hijos. Es posible que yo, como padre, haya provocado a ira a mis hijos. ¿Cómo se provoca a ira a los hijos? Pablo nos dice cuando no les damos la disciplina y amonestación que Dios aprueba. Tal vez he sido muy suave o tal vez muy fuerte con ellos. O le he modelado una vida cristiana contradictoria (digo una cosa y hago otra), etc. Y este autoexamen es con miras a ver nuestras fallas para corregirlas en la dependencia y sabiduría de Cristo. Porque es en El que están escondidos “todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento”. (Colosenses 2:3).
3. Un sentido de la grandeza, hermosura, exaltación del gran Dios Trino y uno que adoramos.
¿Qué querían decir con esto? El único Dios que satisface, salva y trae verdadera paz a nuestras vidas es el Dios verdadero tal y como El se ha revelado sin domesticarlo. En la revelación completa de la Biblia allí podemos encontrar lo verdaderamente grande, hermoso, paciente, todo poderoso, cercano, incomprensible, lleno de gracia y verdad que es Jehová Dios de los ejércitos. Y los puritanos ingleses no descansaban en escudriñar las Escrituras y presentar con lujo de detalles la aseidad de Dios. El es único en su clase. Y no hay Ser más excelso y maravilloso que Dios. Qué pasaje más maravilloso que Romanos 11:33-36 “33 ¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios, e inescrutables sus caminos! 34 Porque ¿quién entendió la mente del Señor? ¿O quién fue su consejero? 35 ¿O quién le dio a él primero, para que le fuese recompensado? 36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén”. Y este otro. Salmo 34:18-20 “18 Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. 19 Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová. 20 El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado”.
4. La hermosura y perfección de la Persona de Cristo y de su Obra de salvación.
Los puritanos ingleses nos pueden ayudar a quedar cada día más enamorados del Señor Jesús. De su gloria, sus perfecciones, su hermoso amor por las almas de sus hermanos aquí en la tierra. Thomas Goodwin, ministro puritano congregacionalista dijo: “Si yo subiera a los cielos y entrara que Cristo no está allí, saldría de allí inmediatamente, porque el cielo sería el infierno para mí sin Cristo”.
5. El sentido de ver todas las cosas desde la perspectiva de la eternidad.
¿Qué querían decir con esto? Querían decir que lo importante no es quien prospera aquí en la tierra sino quien prospera en los cielos. Los tesoros que debemos hacer no son los de la tierra sino los de los cielos porque allí mora Cristo. Toda decisión en nuestra vida debe ser hecha con el pensamiento cómo ésta decisión es beneficiosa para mi salvación. Ese trabajo me acerca más a Dios o me aleja de Dios. Esa pareja que se gusta de mí me acercará más a Dios porque caminará conmigo y en una misma fe y sintonía o me alejará más de Dios. Esa casa que deseo comprar será casa de Dios y puerta a los cielos en donde Dios será adorado, en donde su Palabra será céntrica, en donde los hermanos serán siempre recibidos y un lugar cerca de mi iglesia o de una iglesia bíblica la cual no es necesariamente la iglesia más cerca de mí. Y todo ese análisis y meditación las tomaban saturadas de muchas oración y a veces acompañada de ayuno.
Para finalizar. Alguien pudiera preguntarse, pero, estudiar los escritos y las vidas de los ministros puritanos ingleses no es poner nuestra mirada en los hombres y no en Cristo solamente. Y la respuesta es solo los podemos imitar en todo y en cuanto ellos sean imitadores de Cristo. Pablo dijo en 1 Corintios 11:1 “1 Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo”. Y Pablo habla bien de los tesalonicenses porque “6 …vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo,”. (1 Tesalonicenses 1:6).
El llamado de nosotros en nuestros días de tanta confusión doctrinal, teológica y ética es detengámonos, miremos y preguntemos por las sendas antiguas. Miremos y estudiemos cómo nuestros padres espirituales entendieron y aplicaron la Palabra de Dios. Y veremos que nuestros padres espirituales: los ministros puritanos ingleses pueden ser una guía no perfecta pero rica de sabiduría espiritual que tanto la iglesia de Cristo: tú y yo necesitamos desesperadamente. Preparen sus mentes y corazones para aprender.
Sermón: Mateo 12:46-50 El privilegio de ser familia de Jesús
Mateo 12:46-50 “46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”.
Una de las cosas que a mí me gusta hacer es recordar cómo eran las cosas del pasado. ¿Se acuerdan de la maquinilla? Obviamente nuestros hijos modernos no saben del dolor de cabeza al hacer los proyectos a maquinilla. Ellos nacieron en la era de las computadoras. El dolor de cabeza cuando casi a punto de terminar cometiste un error y tienes que taparlo con un papelito o “white out” y nunca queda presentable. ¿Se acuerdan cuando no había celulares y nadie se moría por eso? Ya hemos salido de esa época, pero nuestros hijos no pueden imaginarse esos tiempos. Para ellos las cosas han sido como lo son hoy día.
Y nosotros también pudiéramos pensar, en la vida espiritual, que las cosas de ahora siempre han sido así. Lejos de la verdad. Hubo un tiempo en el pasado en el cual nosotros nos llamábamos lo-ammi y lo-ruhama. Lo-ammi (no pueblo mío) y lo-ruhama (no compadecida). Esos eran nuestros nombres delante de Dios. Ese era nuestro estatus antes de ser cristianos. Pero Dios nos ha dado un nuevo nombre. De ese cambio nos habla Jesús en este pasaje. Y lo veremos en tres puntos. 1. Fuera de la familia de Dios. 2. Dentro de la familia de Dios. 3. Viviendo como familia de Dios.
I. Fuera de la familia de Dios
Miremos el contexto del pasaje V. 46-48 “46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”. Lo primero que deseo que vean es que Jesús se haya en una casa. Hay gente reunida con él escuchando sus palabras. Mira cómo lo dice: “Mientras él aún hablaba a la gente,”. ¿Qué sucede entonces? Sucede que María y sus hermanos vienen a donde estaba Jesús y envían a alguien para que le de aviso a Jesús de que ellos están allí y desean verle.
La escena es interesante hermanos. Piensa por un momento. Jesús ha estado enseñando la Palabra de Dios. Ya lleva tiempo haciéndolo y en ninguna de las veces se ve o se menciona o se insinúa que ellos han estado presentes. Mientras Jesús enseña a la multitud ni su madre ni sus hermanos han estado presente apoyando y aprendiendo de labios del maestro. Ellos están afuera mientras sus discípulos están adentro. ¿Por qué?
Antes de contestar a esta pregunta tenemos otra que contestar brevemente. ¿Quiénes son esos hermanos? La iglesia católica romana dice que eran primos de Jesús o hijos de José, pero no hijos de María. La iglesia romana postula como dogma la Perpetua virginidad de María. ¿Qué podemos decir al respecto? Podemos decir varias cosas. En primer lugar, el contexto mismo nos lleva a concluir que el término hermano, aunque sabemos que se usa en la Biblia para referirse a parientes lejanos o cercanos, se refiere naturalmente a hermanos en sentido biológico. Nada en el contexto demanda que lo interpretemos distinto al sentido natural y normal de esa palabra. En segundo lugar, Mateo mismo nos enseña que luego de dar a luz María ella vivió una vida matrimonial normal en donde la sexualidad es parte esencial del matrimonio. En Mateo 1:25 se dice “25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”. En tercer lugar, en ningún lugar en la Biblia se enseña que el estado de virginidad es más noble o santo que el estado matrimonial. Y, por último, de ser hermanos mayores de Jesús por parte de José entonces técnicamente Jesús no podría ser heredero del trono de David porque Jesús no sería el primogénito de José, según lo requiere la sucesión hereditaria.
Ahora bien, regresando a lo que tenemos presente es el hecho de que ni María ni sus hermanos han estado presentes ni apoyando el ministerio de Jesús. ¿Por qué? Juan nos dice en Juan 7:2-5 “Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; 3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5 Porque ni aun sus hermanos creían en él”. Y en el pasaje paralelo de Mateo, Marcos nos dice algo con respecto a lo que pensaba su familia acerca de Jesús. Y posiblemente nos ayuda a entender el por qué María y los hermanos de Jesús querían hablar con él. En Marcos 3:20-21 nos dice “20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí”. Los suyos se refiere a la familia biológica de Jesús. No dice explícitamente María, aunque no la excluye. Aparentemente la familia de Jesús había escuchado lo que estaban diciendo de Jesús los fariseos, los ancianos de Israel y demás líderes y llegaron a preocuparse de Jesús. Tal vez concluyeron que Jesús se estaba pasando de la raya y fueron a hablar con él. E hicieron algo incorrecto: interrumpieron la enseñanza de Jesús. Tal vez querían hablar con él aparte y preguntarle que les aclarara lo que están escuchando acerca de él. Pero esto podía esperar un mejor tiempo. Ninguno de ellos tenía el derecho de interrumpir la misión de Jesús.
Si te das cuenta los hermanos de sangre de Jesús no creían en él. No eran sus seguidores. Y esto nos enseña una gran verdad: la salvación no se adquiere por nacimiento, ni por la sangre sino por medio de la fe en el Hijo de Dios. Los lazos de sangre y carne no nos hacen familia de Dios. No por tener hijos o nietos automáticamente nacen cristianos. La salvación no viene por la naturaleza sino por la gracia de Dios.
Lo irónico de la vida es el hecho de que viviendo con Jesús y siendo su familia en la carne no eran su familia en el Espíritu. Estaban fuera de la familia de Dios, aunque convivían con el Hijo de Dios. Conocían de Jesús, pero no conocían a Jesús. Hermanos, por naturaleza nosotros somos lo-ammi, no pueblo de Dios. Es un error terrible que promueve la iglesia católica y algunos grupos evangélicos el decir que todos somos hijos de Dios. No es así. Todos somos criaturas de Dios. Pero no todos somos hijos de Dios. Jesús mismo nos dice en Juan 1:11-12 “11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”.
Pero, aunque por naturaleza nacimos fuera de la familia de Dios por la gracia de Dios en Cristo Jesús hemos sido adoptados y estamos dentro de su familia.
II. Dentro de la familia de Dios
V.48-49 “48 ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos”. Oh hermanos, qué gran honor y privilegio es ser madre, hermanas y hermanos de Jesús. Jesús nos enseña que por la fe en él y solo por la fe Dios nos adopta como sus hijos. Y entramos a ser parte de la familia de Dios.
Oh hermanos, no nos olvidemos que este privilegio solo lo tienes tú y nadie más. Nadie goza de ese honor de ser de la familia de Dios excepto los cristianos. Nadie goza de todos los privilegios de ser familia de Dios excepto los que han rendido su corazón a Cristo totalmente. El privilegio de ser familia de Dios es una de las coronas sino tal vez la corona mayor que Dios nos ha dado.
Pero hay algo sumamente importante que Jesús desea que entendamos. Al señalar a sus discípulos como su madre y sus hermanos, Jesús nos enseña que los lazos de la familia de la fe son no solo más profundos, sino que transcienden hasta la misma eternidad. Solo la familia de la fe permanece para siempre. Todos los demás lazos terminan en la muerte, pero no los lazos de la familia de la fe. Algún día mi esposa dejará de ser mi esposa, pero nunca dejará de ser mi hermana en la fe.
La iglesia es una familia que permanece para siempre. Nadie debe sentirse solo, porque todos nosotros somos hermanos, hermanas y madres los uno de los otros. Esta es una de las glorias del evangelio: de aquellos que no éramos pueblo de Dios por la sangre de Cristo hemos sido adoptados en la familia de Dios. Y de aquellos que no merecíamos recibir compasión por nuestro pecado Dios por su gracia en Cristo ha derramado su compasión y nos ha salvado. No ha adentrado a su familia. Nos ha hecho uno de sus hijos. Todos somos hijos por la fe sin importar la raza, la nacionalidad, la condición económica, ni la educación.
Y ahora que somos hijos de Dios, familia de Dios por la fe en Cristo Jesús qué nos queda sino vivir como lo que somos: la familia de Dios.
III. Viviendo como familia de Dios
V. 50 “50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”. Todos los creyentes son la familia de Dios. Todos y cada uno de ellos. Y nos dice Jesús cómo podemos conocer a quienes son de la familia de Dios. Estos son los que con sinceridad hacen la voluntad de Dios Padre que está en los cielos.
En las palabras de Jesús está incluida la fe. No es que para convertirnos en la familia de Dios debemos hacer la voluntad de Dios como si la base para convertirnos en familia de Dios, sus hijos, descansa en nuestras obras. Esa no es la idea. El énfasis de Jesús no es en la fe, aunque está incluida, sino que el énfasis lo es en la evidencia de una fe genuina. Esa fe genuina la reconocemos por ser una fe obediente. La Biblia lo enseña muchas veces. Juan 15:14 “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Lucas 8:21 “21 Él entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen”. En otras palabras, nadie tiene el derecho de considerarse hijo de Dios, familia de Dios, a menos que con sinceridad busque cumplir todos los mandamientos de Dios. Esa es la evidencia de haber nacido de Dios. Esa es la evidencia de ser hijos adoptivos de Dios: el buscar obedecer todos sus mandamientos.
Y que honor tan grande el ser familia de Dios.
Dos aplicaciones finales hermanos:
1. Aunque los hermanos de Jesús no creían en él mientras él vivía luego de la resurrección ellos creyeron en Jesús. Lo sabemos porque los vemos en el culto de oración que la iglesia hacia antes de Pentecostés. Hermanos, nunca perdamos la esperanza en nuestros familiares que no conocen al Señor. Continuemos orando por ellos. Sigamos hablándoles de Cristo y de la necesidad que tienen de convertirse al Señor. Dios puede hacer todavía la obra aunque parezca ser imposible.
2. No te olvides quien eres por la fe en Jesús. Eres de la familia de Dios. Eres su madre o hermana o hermano. Eres del círculo íntimo de Jesús. No te avergüences de decir que eres de Cristo. No te avergüences de vivir como seguidores de Cristo. ¿Sabes por qué? Porque él no se avergüenza ni se avergonzará jamás de llamarte su hermano. Como dice Hebreos 2:11 “11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,”. Por tanto, se fiel al amor que tu hermano ha derramado por ti. Él es tu hermano mayor busca de él consejo. El es tu hermano mayor, imítalo. Él es tu hermano mayor que ha derramado su sangre para limpiarte de todos tus pecados. Corresponde a su gracia en obedecer celosamente a los mandamientos de nuestro Padre que está en los cielos. ¿Cómo va tu vida de obediencia? ¿Cuán celoso eres en buscar obedecer todos los mandamientos de Dios? Nadie puede decir yo soy de Cristo, yo soy de la familia de Dios y heredero de los cielos a menos que lo demuestre en obediencia a la voluntad de Dios. ¿Medita en esto?
Sermón: Mateo 12:43-45 El peligro de una conversión a media
Mateo 12:43-45 “43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación”.
Tenemos ante nosotros una parábola de labios del Señor Jesús. Pero esa parábola está basada en realidades. Jesús nos enseña por medio de las parábolas principios espirituales. Y un principio espiritual que Jesús nos enseña aquí es la realidad de la existencia de Satanás y su obra en controlar y poseer las vidas de seres humanos. Satanás, el príncipe de los demonios, es un ser real. El tienta, acusa y posee las vidas de seres humanos. El anda como un león rugiente a quien devorar. Los creyentes pueden ser atacados por demonios. Los no creyentes pueden ser poseídos por demonios. Y porque eso es cierto y es una realidad Jesús utiliza esa realidad para enseñarnos verdades espirituales.
¿Qué tenemos aquí? Tenemos una advertencia de parte de Jesús. Él nos habla acerca de un peligro real. Esto no es algo imaginario. Esto no es un cuento de hadas. Esto no es fantasía. Nos habla de algo sumamente triste. Nos habla de una posesión. No habla de una reposesión. Y nos habla de un estado peor. Así que sus palabras son sumamente serias. Y así debe ser tomada por todos aquellos que leen o escuchan esta parábola. Hay tres cosas que podemos ver y aprender de esta perícopa, de esta pequeña porción de la Palabra de Dios. Jesús nos habla de una terrible tragedia, de un terrible remedio para enseñarnos de una gloriosa salvación.
Veamos cada uno de ellos. En primer lugar: una terrible tragedia.
I. Una terrible tragedia
V. 43 “43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”. ¿Por qué Jesús está hablando sobre posesiones demoníacas? Bueno si ustedes recuerdan Jesús había sanado a un hombre poseído de un demonio que provocaba que ese hombre fuera ciego y mudo. Y tan pronto Jesús lo libera de la posesión el hombre ve y oye. Lo vimos en el versículo 22. Y esto provocó advertencia del peligro de blasfemar contra el Espíritu Santo.
Así que Jesús aquí nos cuenta esta parábola en la cual Jesús compara a la nación judía o a esa generación que vivía en ese momento como a un hombre poseído por Satanás.
¿Cuál es la idea detrás de todo esto? La idea es que todos nosotros por venir a este mundo con una naturaleza corrupta somos esclavos de Satanás. No que cada ser humano está poseído por Satanás o alguno de sus demonios, sino que todos nosotros desde que venimos a este mundo somos esclavos de Satanás. Así lo describe la Biblia. Por ejemplo si buscamos en Efesios 2:1-3 “1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. Antes de que Cristo nos diera vida estábamos muertos en nuestros pecados y delitos. Y en ese estado de vida caminábamos. Vivíamos en el camino del pecado. Seguíamos la corriente del mundo. Éramos como peces arrastrados voluntariamente por la corriente del mundo. Y esta vida de pecado era en conformidad al príncipe de la potestad del aire. Este es un título de Satanás. Y todos nosotros vivimos en un tiempo haciendo los deseos de nuestra carne y de los deseos de nuestros pensamientos pecaminosos y éramos por tanto hijos de ira. Herederos de la ira de Dios.
Esa es la vida de todo ser humano que viene a este mundo. Esa es la vida de todo aquel que nace en este mundo. Nuestra vida antes de Cristo era como uno que estaba poseído por Satanás. Por uno poseído por un espíritu inmundo. Un espíritu sucio que lo que busca es robar, matar y destruir. Y busca que los seres humanos se revuelquen en la suciedad del pecado. ¡Que terrible tragedia!
Y aunque no todos los seres humanos son poseídos físicamente por Satanás todo nosotros somos esclavos de Satanás. Esa es una de las condiciones de haber caído en el estado de pecado y de miseria que hemos caído en Adán al pecar contra Dios. Ese es el estado del mundo. Esa es la condición de la sociedad en que vivimos. Esa es la condición de todos aquellos que no tienen a Cristo morando en su corazón.
Pero aquí hay algo que sucede. Aparentemente esta persona, así poseída, logra que ese espíritu inmundo lo abandone. Ese espíritu “sale del hombre”. Y nos dice que ese espíritu “anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”. Aquí hermanos, debemos tener cuidado y no estirar demasiado la parábola para que diga cosas que no son. La idea es que el demonio solo haya paz dentro del hombre. Solo haya paz cuando busca destruir. Pero ese espíritu ha salido. Ha habido un remedio. Pero si te das cuenta por la parábola ese remedio resultó uno terrible. Este es nuestro segundo punto. Un terrible remedio.
II. Un terrible remedio
V. 44-45 “44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. ¿Qué es lo que ha ocurrido? El pasaje no nos da todos los detalles. Recuerda que es una parábola. Nos dice que la vida de ese hombre y que era la casa de Satanás ha sido barrida, ha sido adornada pero no ha sido ocupada. Está desocupada.
¿Cómo ocurre esto? Esto ocurre cuando hay reformas y cambios en la vida de una persona, pero esos cambios no son completos. Ha habido una “conversión” parcial. Los judíos han recibido la ley de Dios. Ellos eran custodios de los oráculos de Dios. Nos dice Pablo en Romanos 9:4-5 que de ellos son “la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; 5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”. Y esto provocó cierta reforma, ciertos cambios. La casa fue barrida, adornada, pero seguía desocupada. ¿Por qué? Porque Cristo no moraba allí por su Espíritu.
Eso mismo ocurre con muchos de los que escuchan el evangelio. Muchos escuchan el evangelio y hacen cambios drásticos en sus vidas. Algunos dejan de fumar, de beber, se separan de sus amantes, etc. Hacen cambios enormes en sus vidas. Y procuran adornarlas. Muchos se unen a las iglesias, o comienzan a practicar un deporte. Ponen en orden su trabajo. Le dedican más tiempo a sus familias. Se apartan de ciertos pecados que saben que los pueden destruir. Pero tales cambios y reformas se basan en el temor a perder el control o su familia, o el trabajo, o la reputación, o temor a sus padres, etc.
Lo mismo ha ocurrido con hijos de padres creyentes. Han escuchado el evangelio desde niño o por muchos años. Y en virtud de tales enseñanzas han ordenado sus vidas. Son buenos muchachos, trabajadores, personas de la casa, no dan mucho que hacer ni causan muchos problemas. Aprender a hablar como cristianos Aprenden a conducirse como cristianos.
Pero Jesús nos advierte. Si eso es todo el cambio que hay en tu vida. Si todo lo que hay en tu vida es una conversión a media. Si luego de escuchar el mensaje del evangelio no ha habido una profunda, radical y total conversión tu vida, entonces, lo que va a ocurrir es semejante a la morada de ocho demonios terribles morando en tu vida. Y entonces nos dice Jesús “y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. ¿Por qué peor? Porque toda aquella reforma, todos aquellos cambios, toda aquella conducta corregida no fue producto de la obra de santificación. No fue hecha en el poder del Espíritu Santo. Fue una restricción auto impuesta en la cual no ha habido gozo. No ha habido deleite en la santificación. Porque no hay santificación en sus vidas. Hay restricción y como no es por amor a Dios tal restricción es una cárcel para esa hora. Y luego que esa persona se canse y si hastíe entonces ocurre lo peor. Muchos se entregan a pecados mayores que los anteriores. Otros se hacen insensibles al mensaje del evangelio. ¿Por qué? Porque esa casa barrida y adornada no fue ocupada por Jesús por medio del Espíritu Santo.
El apóstol Pedro habla exactamente de esto mismo en su carta. En 2 Pedro 2:20-22 “20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”.
Eso les ocurrirá a aquellos que han tenido una conversión parcial. A aquellos que han dado su manos y pies al evangelio, es decir, hacen cosas por el evangelio: ayudan, sirven, pero no han dado su corazón a Cristo.
Y Jesús les advierte a los judíos de esto mismo cuando les dice: V. 45 “Así también acontecerá a esta mala generación”. Entonces sus reformas se transformarán en un odio al Señor Jesús que los llevará a pedir su muerte.
Pero no todo queda ahí. Esta parábola nos enseña también acerca del poder del evangelio, del poder salvador de Cristo Jesús. Y nos habla acerca de una gloriosa salvación.
III. Una gloriosa salvación
Esta parábola nos lleva inevitablemente a los versículos del 28-30 “28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.
Hermanos, nosotros por naturaleza éramos como hombres y mujeres poseídos por Satanás. Éramos esclavos de los delites. Éramos esclavos de Satanás y éramos esclavos del pecado. Pero Jesús nos convirtió por medio de su Espíritu Santo. Y es como si Jesús clamara en las palabras de Marcos 9:25 “yo te mando, sal de él, y no entres más en él”. Jesús es más fuerte que Satanás. Con su obra en la cruz El pagó por nuestro rescate. Y por la obra del Espíritu de Cristo El nos ha hecho nuevas criaturas. Ahora somos templo de Dios porque el Espíritu Santo mora en nosotros. Ahora tenemos deleite en hacer la voluntad de Dios. Ahora deseamos ser cada día más santos. Ahora es nuestro gozo adorar a Dios. Ahora podemos hacer morir lo terrenal en nosotros porque Dios produce en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad. Ahora nos apartamos del pecado porque amamos la santidad.
Ahora bien, ¿Qué nos quiere enseñar Jesús con todo esto? Nos quiere enseñar que no podemos estar a medias con Jesús. O abrazamos su evangelio con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas. O “hubiera sido [mejor] no haber conocido el camino de la justicia”. Jesús dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”. No hay lugar para términos medios. Dios se quejó de su pueblo en Oseas 7:8 cuando dijo: “Efraín fue torta no volteada”. Fue una torta que no se puede comer porque no fue totalmente cocinada. Una media conversión no salva a nadie. Una reforma sin regeneración no te lleva a los cielos. ¿En cuál estado espiritual te encuentras?