Sermones sobre el Evangelio de Mateo

Sermón: Mateo 12:46-50 El privilegio de ser familia de Jesús

Mateo 12:46-50 “46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos. 50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”.

 

            Una de las cosas que a mí me gusta hacer es recordar cómo eran las cosas del pasado. ¿Se acuerdan de la maquinilla? Obviamente nuestros hijos modernos no saben del dolor de cabeza al hacer los proyectos a maquinilla. Ellos nacieron en la era de las computadoras. El dolor de cabeza cuando casi a punto de terminar cometiste un error y tienes que taparlo con un papelito o “white out” y nunca queda presentable. ¿Se acuerdan cuando no había celulares y nadie se moría por eso? Ya hemos salido de esa época, pero nuestros hijos no pueden imaginarse esos tiempos. Para ellos las cosas han sido como lo son hoy día.

            Y nosotros también pudiéramos pensar, en la vida espiritual, que las cosas de ahora siempre han sido así. Lejos de la verdad. Hubo un tiempo en el pasado en el cual nosotros nos llamábamos lo-ammi y lo-ruhama. Lo-ammi (no pueblo mío) y lo-ruhama (no compadecida). Esos eran nuestros nombres delante de Dios. Ese era nuestro estatus antes de ser cristianos. Pero Dios nos ha dado un nuevo nombre. De ese cambio nos habla Jesús en este pasaje. Y lo veremos en tres puntos. 1. Fuera de la familia de Dios. 2. Dentro de la familia de Dios. 3. Viviendo como familia de Dios.

 

I. Fuera de la familia de Dios

            Miremos el contexto del pasaje V. 46-48 “46 Mientras él aún hablaba a la gente, he aquí su madre y sus hermanos estaban afuera, y le querían hablar. 47 Y le dijo uno: He aquí tu madre y tus hermanos están afuera, y te quieren hablar. 48 Respondiendo él al que le decía esto, dijo: ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?”. Lo primero que deseo que vean es que Jesús se haya en una casa. Hay gente reunida con él escuchando sus palabras. Mira cómo lo dice: “Mientras él aún hablaba a la gente,”. ¿Qué sucede entonces? Sucede que María y sus hermanos vienen a donde estaba Jesús y envían a alguien para que le de aviso a Jesús de que ellos están allí y desean verle.

            La escena es interesante hermanos. Piensa por un momento. Jesús ha estado enseñando la Palabra de Dios. Ya lleva tiempo haciéndolo y en ninguna de las veces se ve o se menciona o se insinúa que ellos han estado presentes. Mientras Jesús enseña a la multitud ni su madre ni sus hermanos han estado presente apoyando y aprendiendo de labios del maestro. Ellos están afuera mientras sus discípulos están adentro. ¿Por qué?

            Antes de contestar a esta pregunta tenemos otra que contestar brevemente. ¿Quiénes son esos hermanos? La iglesia católica romana dice que eran primos de Jesús o hijos de José, pero no hijos de María. La iglesia romana postula como dogma la Perpetua virginidad de María. ¿Qué podemos decir al respecto? Podemos decir varias cosas. En primer lugar, el contexto mismo nos lleva a concluir que el término hermano, aunque sabemos que se usa en la Biblia para referirse a parientes lejanos o cercanos, se refiere naturalmente a hermanos en sentido biológico. Nada en el contexto demanda que lo interpretemos distinto al sentido natural y normal de esa palabra. En segundo lugar, Mateo mismo nos enseña que luego de dar a luz María ella vivió una vida matrimonial normal en donde la sexualidad es parte esencial del matrimonio. En Mateo 1:25 se dice “25 Pero no la conoció hasta que dio a luz a su hijo primogénito; y le puso por nombre JESÚS”. En tercer lugar, en ningún lugar en la Biblia se enseña que el estado de virginidad es más noble o santo que el estado matrimonial. Y, por último, de ser hermanos mayores de Jesús por parte de José entonces técnicamente Jesús no podría ser heredero del trono de David porque Jesús no sería el primogénito de José, según lo requiere la sucesión hereditaria.

            Ahora bien, regresando a lo que tenemos presente es el hecho de que ni María ni sus hermanos han estado presentes ni apoyando el ministerio de Jesús. ¿Por qué? Juan nos dice en Juan 7:2-5 “Estaba cerca la fiesta de los judíos, la de los tabernáculos; 3 y le dijeron sus hermanos: Sal de aquí, y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que haces. 4 Porque ninguno que procura darse a conocer hace algo en secreto. Si estas cosas haces, manifiéstate al mundo. 5 Porque ni aun sus hermanos creían en él”. Y en el pasaje paralelo de Mateo, Marcos nos dice algo con respecto a lo que pensaba su familia acerca de Jesús. Y posiblemente nos ayuda a entender el por qué María y los hermanos de Jesús querían hablar con él. En Marcos 3:20-21 nos dice “20 Y se agolpó de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. 21 Cuando lo oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Está fuera de sí”. Los suyos se refiere a la familia biológica de Jesús. No dice explícitamente María, aunque no la excluye.  Aparentemente la familia de Jesús había escuchado lo que estaban diciendo de Jesús los fariseos, los ancianos de Israel y demás líderes y llegaron a preocuparse de Jesús. Tal vez concluyeron que Jesús se estaba pasando de la raya y fueron a hablar con él. E hicieron algo incorrecto: interrumpieron la enseñanza de Jesús. Tal vez querían hablar con él aparte y preguntarle que les aclarara lo que están escuchando acerca de él. Pero esto podía esperar un mejor tiempo. Ninguno de ellos tenía el derecho de interrumpir la misión de Jesús.

            Si te das cuenta los hermanos de sangre de Jesús no creían en él. No eran sus seguidores. Y esto nos enseña una gran verdad: la salvación no se adquiere por nacimiento, ni por la sangre sino por medio de la fe en el Hijo de Dios. Los lazos de sangre y carne no nos hacen familia de Dios. No por tener hijos o nietos automáticamente nacen cristianos. La salvación no viene por la naturaleza sino por la gracia de Dios.

            Lo irónico de la vida es el hecho de que viviendo con Jesús y siendo su familia en la carne no eran su familia en el Espíritu. Estaban fuera de la familia de Dios, aunque convivían con el Hijo de Dios. Conocían de Jesús, pero no conocían a Jesús. Hermanos, por naturaleza nosotros somos lo-ammi, no pueblo de Dios. Es un error terrible que promueve la iglesia católica y algunos grupos evangélicos el decir que todos somos hijos de Dios. No es así. Todos somos criaturas de Dios. Pero no todos somos hijos de Dios. Jesús mismo nos dice en Juan 1:11-12 “11 A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. 12 Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;”.   

            Pero, aunque por naturaleza nacimos fuera de la familia de Dios por la gracia de Dios en Cristo Jesús hemos sido adoptados y estamos dentro de su familia.            

II. Dentro de la familia de Dios

            V.48-49 “48 ¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos? 49 Y extendiendo su mano hacia sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos”. Oh hermanos, qué gran honor y privilegio es ser madre, hermanas y hermanos de Jesús. Jesús nos enseña que por la fe en él y solo por la fe Dios nos adopta como sus hijos. Y entramos a ser parte de la familia de Dios.

            Oh hermanos, no nos olvidemos que este privilegio solo lo tienes tú y nadie más. Nadie goza de ese honor de ser de la familia de Dios excepto los cristianos. Nadie goza de todos los privilegios de ser familia de Dios excepto los que han rendido su corazón a Cristo totalmente. El privilegio de ser familia de Dios es una de las coronas sino tal vez la corona mayor que Dios nos ha dado.

            Pero hay algo sumamente importante que Jesús desea que entendamos. Al señalar a sus discípulos como su madre y sus hermanos, Jesús nos enseña que los lazos de la familia de la fe son no solo más profundos, sino que transcienden hasta la misma eternidad. Solo la familia de la fe permanece para siempre. Todos los demás lazos terminan en la muerte, pero no los lazos de la familia de la fe. Algún día mi esposa dejará de ser mi esposa, pero nunca dejará de ser mi hermana en la fe.

            La iglesia es una familia que permanece para siempre. Nadie debe sentirse solo, porque todos nosotros somos hermanos, hermanas y madres los uno de los otros. Esta es una de las glorias del evangelio: de aquellos que no éramos pueblo de Dios por la sangre de Cristo hemos sido adoptados en la familia de Dios. Y de aquellos que no merecíamos recibir compasión por nuestro pecado Dios por su gracia en Cristo ha derramado su compasión y nos ha salvado. No ha adentrado a su familia. Nos ha hecho uno de sus hijos. Todos somos hijos por la fe sin importar la raza, la nacionalidad, la condición económica, ni la educación.

            Y ahora que somos hijos de Dios, familia de Dios por la fe en Cristo Jesús qué nos queda sino vivir como lo que somos: la familia de Dios.

III. Viviendo como familia de Dios

            V. 50 “50 Porque todo aquel que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, y hermana, y madre”. Todos los creyentes son la familia de Dios. Todos y cada uno de ellos. Y nos dice Jesús cómo podemos conocer a quienes son de la familia de Dios. Estos son los que con sinceridad hacen la voluntad de Dios Padre que está en los cielos.

            En las palabras de Jesús está incluida la fe. No es que para convertirnos en la familia de Dios debemos hacer la voluntad de Dios como si la base para convertirnos en familia de Dios, sus hijos, descansa en nuestras obras. Esa no es la idea. El énfasis de Jesús no es en la fe, aunque está incluida, sino que el énfasis lo es en la evidencia de una fe genuina. Esa fe genuina la reconocemos por ser una fe obediente. La Biblia lo enseña muchas veces. Juan 15:14 “Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”. Lucas 8:21 “21 Él entonces respondiendo, les dijo: Mi madre y mis hermanos son los que oyen la palabra de Dios, y la hacen”. En otras palabras, nadie tiene el derecho de considerarse hijo de Dios, familia de Dios, a menos que con sinceridad busque cumplir todos los mandamientos de Dios. Esa es la evidencia de haber nacido de Dios. Esa es la evidencia de ser hijos adoptivos de Dios: el buscar obedecer todos sus mandamientos.

            Y que honor tan grande el ser familia de Dios.

            Dos aplicaciones finales hermanos:

1. Aunque los hermanos de Jesús no creían en él mientras él vivía luego de la resurrección ellos creyeron en Jesús. Lo sabemos porque los vemos en el culto de oración que la iglesia hacia antes de Pentecostés. Hermanos, nunca perdamos la esperanza en nuestros familiares que no conocen al Señor. Continuemos orando por ellos. Sigamos hablándoles de Cristo y de la necesidad que tienen de convertirse al Señor. Dios puede hacer todavía la obra aunque parezca ser imposible.

2. No te olvides quien eres por la fe en Jesús. Eres de la familia de Dios. Eres su madre o hermana o hermano. Eres del círculo íntimo de Jesús. No te avergüences de decir que eres de Cristo. No te avergüences de vivir como seguidores de Cristo. ¿Sabes por qué? Porque él no se avergüenza ni se avergonzará jamás de llamarte su hermano. Como dice Hebreos 2:11 “11 Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos,”. Por tanto, se fiel al amor que tu hermano ha derramado por ti. Él es tu hermano mayor busca de él consejo. El es tu hermano mayor, imítalo. Él es tu hermano mayor que ha derramado su sangre para limpiarte de todos tus pecados. Corresponde a su gracia en obedecer celosamente a los mandamientos de nuestro Padre que está en los cielos. ¿Cómo va tu vida de obediencia? ¿Cuán celoso eres en buscar obedecer todos los mandamientos de Dios? Nadie puede decir yo soy de Cristo, yo soy de la familia de Dios y heredero de los cielos a menos que lo demuestre en obediencia a la voluntad de Dios. ¿Medita en esto?

Sermón: Mateo 12:43-45 El peligro de una conversión a media

Mateo 12:43-45 “43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla. 44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación”.

 

            Tenemos ante nosotros una parábola de labios del Señor Jesús. Pero esa parábola está basada en realidades. Jesús nos enseña por medio de las parábolas principios espirituales. Y un principio espiritual que Jesús nos enseña aquí es la realidad de la existencia de Satanás y su obra en controlar y poseer las vidas de seres humanos. Satanás, el príncipe de los demonios, es un ser real. El tienta, acusa y posee las vidas de seres humanos. El anda como un león rugiente a quien devorar. Los creyentes pueden ser atacados por demonios. Los no creyentes pueden ser poseídos por demonios. Y porque eso es cierto y es una realidad Jesús utiliza esa realidad para enseñarnos verdades espirituales.

            ¿Qué tenemos aquí? Tenemos una advertencia de parte de Jesús. Él nos habla acerca de un peligro real. Esto no es algo imaginario. Esto no es un cuento de hadas. Esto no es fantasía. Nos habla de algo sumamente triste. Nos habla de una posesión. No habla de una reposesión. Y nos habla de un estado peor. Así que sus palabras son sumamente serias. Y así debe ser tomada por todos aquellos que leen o escuchan esta parábola. Hay tres cosas que podemos ver y aprender de esta perícopa, de esta pequeña porción de la Palabra de Dios. Jesús nos habla de una terrible tragedia, de un terrible remedio para enseñarnos de una gloriosa salvación.

            Veamos cada uno de ellos. En primer lugar: una terrible tragedia.

I. Una terrible tragedia

            V. 43 “43 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”. ¿Por qué Jesús está hablando sobre posesiones demoníacas? Bueno si ustedes recuerdan Jesús había sanado a un hombre poseído de un demonio que provocaba que ese hombre fuera ciego y mudo. Y tan pronto Jesús lo libera de la posesión el hombre ve y oye. Lo vimos en el versículo 22. Y esto provocó advertencia del peligro de blasfemar contra el Espíritu Santo.

            Así que Jesús aquí nos cuenta esta parábola en la cual Jesús compara a la nación judía o a esa generación que vivía en ese momento como a un hombre poseído por Satanás.

            ¿Cuál es la idea detrás de todo esto? La idea es que todos nosotros por venir a este mundo con una naturaleza corrupta somos esclavos de Satanás. No que cada ser humano está poseído por Satanás o alguno de sus demonios, sino que todos nosotros desde que venimos a este mundo somos esclavos de Satanás. Así lo describe la Biblia. Por ejemplo si buscamos en Efesios 2:1-3 “1 Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados, 2 en los cuales anduvisteis en otro tiempo, siguiendo la corriente de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, el espíritu que ahora opera en los hijos de desobediencia, 3 entre los cuales también todos nosotros vivimos en otro tiempo en los deseos de nuestra carne, haciendo la voluntad de la carne y de los pensamientos, y éramos por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás”. Antes de que Cristo nos diera vida estábamos muertos en nuestros pecados y delitos. Y en ese estado de vida caminábamos. Vivíamos en el camino del pecado. Seguíamos la corriente del mundo. Éramos como peces arrastrados voluntariamente por la corriente del mundo. Y esta vida de pecado era en conformidad al príncipe de la potestad del aire. Este es un título de Satanás. Y todos nosotros vivimos en un tiempo haciendo los deseos de nuestra carne y de los deseos de nuestros pensamientos pecaminosos y éramos por tanto hijos de ira. Herederos de la ira de Dios.

            Esa es la vida de todo ser humano que viene a este mundo. Esa es la vida de todo aquel que nace en este mundo. Nuestra vida antes de Cristo era como uno que estaba poseído por Satanás. Por uno poseído por un espíritu inmundo. Un espíritu sucio que lo que busca es robar, matar y destruir. Y busca que los seres humanos se revuelquen en la suciedad del pecado. ¡Que terrible tragedia!

            Y aunque no todos los seres humanos son poseídos físicamente por Satanás todo nosotros somos esclavos de Satanás. Esa es una de las condiciones de haber caído en el estado de pecado y de miseria que hemos caído en Adán al pecar contra Dios. Ese es el estado del mundo. Esa es la condición de la sociedad en que vivimos. Esa es la condición de todos aquellos que no tienen a Cristo morando en su corazón.

            Pero aquí hay algo que sucede. Aparentemente esta persona, así poseída, logra que ese espíritu inmundo lo abandone. Ese espíritu “sale del hombre”. Y nos dice que ese espíritu “anda por lugares secos, buscando reposo, y no lo halla”. Aquí hermanos, debemos tener cuidado y no estirar demasiado la parábola para que diga cosas que no son. La idea es que el demonio solo haya paz dentro del hombre. Solo haya paz cuando busca destruir. Pero ese espíritu ha salido. Ha habido un remedio. Pero si te das cuenta por la parábola ese remedio resultó uno terrible. Este es nuestro segundo punto. Un terrible remedio.

II. Un terrible remedio

            V. 44-45 “44 Entonces dice: Volveré a mi casa de donde salí; y cuando llega, la halla desocupada, barrida y adornada. 45 Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. ¿Qué es lo que ha ocurrido? El pasaje no nos da todos los detalles. Recuerda que es una parábola. Nos dice que la vida de ese hombre y que era la casa de Satanás ha sido barrida, ha sido adornada pero no ha sido ocupada. Está desocupada.

            ¿Cómo ocurre esto? Esto ocurre cuando hay reformas y cambios en la vida de una persona, pero esos cambios no son completos. Ha habido una “conversión” parcial. Los judíos han recibido la ley de Dios. Ellos eran custodios de los oráculos de Dios. Nos dice Pablo en Romanos 9:4-5 que de ellos son “la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas; 5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén”. Y esto provocó cierta reforma, ciertos cambios. La casa fue barrida, adornada, pero seguía desocupada. ¿Por qué? Porque Cristo no moraba allí por su Espíritu.

            Eso mismo ocurre con muchos de los que escuchan el evangelio. Muchos escuchan el evangelio y hacen cambios drásticos en sus vidas. Algunos dejan de fumar, de beber, se separan de sus amantes, etc. Hacen cambios enormes en sus vidas. Y procuran adornarlas. Muchos se unen a las iglesias, o comienzan a practicar un deporte. Ponen en orden su trabajo. Le dedican más tiempo a sus familias. Se apartan de ciertos pecados que saben que los pueden destruir. Pero tales cambios y reformas se basan en el temor a perder el control o su familia, o el trabajo, o la reputación, o temor a sus padres, etc.

            Lo mismo ha ocurrido con hijos de padres creyentes. Han escuchado el evangelio desde niño o por muchos años. Y en virtud de tales enseñanzas han ordenado sus vidas. Son buenos muchachos, trabajadores, personas de la casa, no dan mucho que hacer ni causan muchos problemas. Aprender a hablar como cristianos Aprenden a conducirse como cristianos.

            Pero Jesús nos advierte. Si eso es todo el cambio que hay en tu vida. Si todo lo que hay en tu vida es una conversión a media. Si luego de escuchar el mensaje del evangelio no ha habido una profunda, radical y total conversión tu vida, entonces, lo que va a ocurrir es semejante a la morada de ocho demonios terribles morando en tu vida. Y entonces nos dice Jesús “y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero”. ¿Por qué peor? Porque toda aquella reforma, todos aquellos cambios, toda aquella conducta corregida no fue producto de la obra de santificación. No fue hecha en el poder del Espíritu Santo. Fue una restricción auto impuesta en la cual no ha habido gozo. No ha habido deleite en la santificación. Porque no hay santificación en sus vidas. Hay restricción y como no es por amor a Dios tal restricción es una cárcel para esa hora. Y luego que esa persona se canse y si hastíe entonces ocurre lo peor. Muchos se entregan a pecados mayores que los anteriores. Otros se hacen insensibles al mensaje del evangelio. ¿Por qué? Porque esa casa barrida y adornada no fue ocupada por Jesús por medio del Espíritu Santo.

            El apóstol Pedro habla exactamente de esto mismo en su carta. En 2 Pedro 2:20-22 “20 Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21 Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito, y la puerca lavada a revolcarse en el cieno”.

            Eso les ocurrirá a aquellos que han tenido una conversión parcial. A aquellos que han dado su manos y pies al evangelio, es decir, hacen cosas por el evangelio: ayudan, sirven, pero no han dado su corazón a Cristo.

            Y Jesús les advierte a los judíos de esto mismo cuando les dice: V. 45 “Así también acontecerá a esta mala generación”. Entonces sus reformas se transformarán en un odio al Señor Jesús que los llevará a pedir su muerte.

            Pero no todo queda ahí. Esta parábola nos enseña también acerca del poder del evangelio, del poder salvador de Cristo Jesús. Y nos habla acerca de una gloriosa salvación.   

III. Una gloriosa salvación

            Esta parábola nos lleva inevitablemente a los versículos del 28-30 “28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”.

            Hermanos, nosotros por naturaleza éramos como hombres y mujeres poseídos por Satanás. Éramos esclavos de los delites. Éramos esclavos de Satanás y éramos esclavos del pecado. Pero Jesús nos convirtió por medio de su Espíritu Santo. Y es como si Jesús clamara en las palabras de Marcos 9:25 “yo te mando, sal de él, y no entres más en él”. Jesús es más fuerte que Satanás. Con su obra en la cruz El pagó por nuestro rescate. Y por la obra del Espíritu de Cristo El nos ha hecho nuevas criaturas. Ahora somos templo de Dios porque el Espíritu Santo mora en nosotros. Ahora tenemos deleite en hacer la voluntad de Dios. Ahora deseamos ser cada día más santos. Ahora es nuestro gozo adorar a Dios. Ahora podemos hacer morir lo terrenal en nosotros porque Dios produce en nosotros el querer como el hacer por su buena voluntad. Ahora nos apartamos del pecado porque amamos la santidad.

            Ahora bien, ¿Qué nos quiere enseñar Jesús con todo esto? Nos quiere enseñar que no podemos estar a medias con Jesús. O abrazamos su evangelio con todo el corazón y con todas nuestras fuerzas. O “hubiera sido [mejor] no haber conocido el camino de la justicia”. Jesús dijo: “El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”. No hay lugar para términos medios. Dios se quejó de su pueblo en Oseas 7:8 cuando dijo: “Efraín fue torta no volteada”. Fue una torta que no se puede comer porque no fue totalmente cocinada. Una media conversión no salva a nadie. Una reforma sin regeneración no te lleva a los cielos. ¿En cuál estado espiritual te encuentras?

Sermón: Mateo 12:33-37 Por sus frutos los conoceréis

Mateo 12:33-37 “33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol. 34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca. 35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas. 36 Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio. 37 Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”.

 

            Hay un dicho popular en Puerto Rico que dice: dime con quién andas y te diré quién eres. ¿Cuál es la idea? La idea es que con quien te asocias dice algo de tus gustos y preferencias, de la clase de persona que posiblemente eres. Obviamente ese dicho no es absoluto y tiene sus fallas. Pero expresa una gran verdad bíblica: “33 No erréis; las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres” (1 Corintios 15:33).  

            Y del pasaje que tenemos presente se podría sacar un dicho que diga: Dime cómo hablas y te diré quién eres. ¿Por qué? Dice Jesús en el versículo 34 “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Dicho de otra manera: nuestras palabras revelan nuestro carácter. Y esto a su vez revela la necesidad de un cambio radical de nuestro corazón. Veamos cómo Jesús nos enseña esta gran verdad.

I. Nuestra verdadera naturaleza se revela por nuestros frutos

            V. 33 “33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo; porque por el fruto se conoce el árbol”. El contexto del pasaje es el mismo del tema anterior: la blasfemia contra el Espíritu Santo. Jesús continúa hablando y argumentando contra los fariseos. Y aquí les da una parábola. Y les dice que el fruto y el árbol van juntos. Y además: ustedes reconocen que he hecho algo bueno pero dicen que ese bien que he hecho al sanar al endemoniado ciego y mudo fue hecho por el poder de Satanás mismo. Jesús les dice que eso es absurdo. Ustedes están diciendo: hizo algo bueno pero El es una persona mala. ¿Cómo es eso posible? Y les dice: “33 O haced el árbol bueno, y su fruto bueno, o haced el árbol malo, y su fruto malo;” “O soy bueno porque hice bien o soy malo y por tanto haré el mal. Pero lo que hice fue bueno: sané a uno poseído por Satanás. Soy el único en el mundo que puede hacerlo. Lo libré de su esclavitud”. Por tanto, la conclusión a la cual deben llegar es: Jesús es bueno y esto evidencia que Él es el Hijo de David. Él es el Mesías. Solo Él es el Salvador del mundo porque nadie, absolutamente nadie puede hacer lo que Jesús hace. Y demuestra lo santo y puro que El es. ¿Por qué esa conclusión? “porque por el fruto se conoce el árbol”. El fruto es lo que hacemos y éste revela nuestra naturaleza. Revela nuestro hombre interior. Revela lo que hay en nuestro corazón. Revela quiénes somos realmente. No hay mejores rayos X en el mundo que lo que hacemos, pensamos y decimos. Esa es la mejor tabla de contenido del libro que es nuestro corazón. Nuestra naturaleza es revelada por nuestros frutos, por lo que hacemos.   

            Entonces Jesús aplica tal parábola a la oposición que los fariseos han levantado contra El y los insultos que los fariseos le profirieron. Y les dice que nuestras palabras revelan el estado de nuestro corazón.

II. Nuestras palabras revelan el estado de nuestro corazón

            V. 34 “34 ¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Jesús aplica lo dicho a los fariseos. Y les dice: sus insultos y la blasfemia que dijeron contra el Espíritu Santo es evidencia de que su corazón es malo. Y les dice: “¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos?”. Ustedes no pueden esperar hablar lo bueno, a favor de Dios, a favor de mí, que soy enviado por Dios mismos, porque son malos. Ustedes no son otra cosa que una “¡Generación de víboras!”.

            Esta no es la primera vez que esa frase ocurre en la Biblia. Ya Juan el Bautista la había usado en contra de los fariseos y saduceos cuando fueron a espiarlo mientras bautizaba en el Jordán. Pero allí en Mateo 3:7 cuando usa esa frase “7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?”, Juan el Bautista la usa para decirles acerca de su herencia familiar. En cambio, aquí Jesús lo usa para hablarles de su naturaleza semejantes a la de las víboras, es decir, venenosas. En otras palabras, Jesús les dice sus insultos y blasfemias demuestran que su naturaleza es venenosa como la de las serpientes. Ellos poseen un corazón corrupto.

            Ese, hermanos, es el testimonio de toda la palabra de Dios al describir la naturaleza humana. Por naturaleza los seres humanos, tú y yo, venimos a este mundo con un corazón corrupto. Por eso David podía decir en el Salmo 51:5 “5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre”. Hemos sido formados en maldad. Como si la maldad fuera la materia de la cual hemos sido hechos. Por eso el salmista dice en el Salmo 58:3 “3 Se apartaron los impíos desde la matriz; Se descarriaron hablando mentira desde que nacieron”. De aquí que el problema del ser humano lo es de adentro del corazón. Jeremías 17:9 “9 Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?”. No es que la sociedad corrompe al ser humano, sino que el corrupto ser humano corrompe la sociedad. Y demuestra que la sociedad es corrupta porque somos corruptos. Esa es nuestra naturaleza.

            Jesús dice: “porque de la abundancia del corazón habla la boca”. La palabra abundancia aquí significa excedente, en inglés es el surplus. Tenemos tanto que excedemos la demanda. Tenemos de más. En otras palabras, en un corazón donde abunda el orgullo se manifestarán palabras orgullosas de muchas maneras. En donde predomina el enojo y la ira se manifestará en expresiones de ira. En donde abunda la lujuria se manifestará en expresiones vulgares y sucias toda vez que pueda. Tal vez cuando está en compañía de otros se controla, pero cuando está en compañía de sus seres queridos revela claramente lo que abunda en el corazón. Es en esos momentos que nosotros revelamos lo que realmente somos.

            Entonces Jesús añade: V. 35 “35 El hombre bueno, del buen tesoro del corazón saca buenas cosas; y el hombre malo, del mal tesoro saca malas cosas”. La palabra tesoro aquí es [thesaurós] que significa almacén o tesorería y de ahí sale el término tesauro, ese tesoro abundante de palabras. Dice John MacArthur: “El corazón de una persona es donde atesora sus pensamientos, ambiciones, deseos, amores, actitudes y lealtades. Es la reserva de la cual la boca extrae sus expresiones”. Por eso nuestras palabras revelan el estado de nuestro corazón.

            Y ¿que revelan del estado de nuestra sociedad? Lo que oyes por todas partes son maldiciones, palabras soeces, lenguaje vulgar, insultos, palabras agresivas, mentiras, chismes. Todo ello revela el estado espiritual de la sociedad y revela el estado espiritual de los miembros de la sociedad. Y por tanto de la necesidad de un cambio radical de vida. Un cambio que solo Cristo puede lograr. Solo Dios puede cambiar nuestro corazón corrupto. Esto no es algo que se logra por mejor educación ni por mejorar la economía: subir los salarios de las personas, ni mejores trabajos, etc. Cosas que no son malas en sí mismas pero que no cambian el corazón caído del ser humano. Tampoco se logra por la sicología, ni por terapias, ni por mensajes positivistas, ni por practicar una religión con sinceridad sino por la obra omnipotente de Dios Espíritu Santo. Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:3 “3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios”.

            Luego Jesús nos habla de la seriedad del asunto. Los frutos revelan el tipo de árbol que es. Si el árbol es bueno su fruto es bueno, si el árbol está podrido su fruto es podrido. Nuestras palabras revelan el estado de nuestro corazón. Pero ahora Jesús nos dice algo más. Nos dice que no hay palabras insignificantes. Ya que seremos juzgados por nuestras palabras.

III. Seremos juzgados por nuestras palabras

            V. 36 36 “Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio”. Al final todos compareceremos antes el trono blanco de Dios. Todo el mundo: sean creyentes, ateos, de cualquier religión en el mundo, todos compareceremos a ser juzgados por el Juez justo de toda la tierra: el omnisciente Jehová. Y cada palabra ociosa que ha salido de nuestra boca “de ella darán cuenta en el día del juicio”. Todas nuestras palabras serán pesadas. Pero Jesús dice específicamente toda palabra ociosa. La palabra ociosa significa que no trabaja, que es inútil, que no produce fruto, que no edifica. No solo que es mala en sí misma, sino que no edifica a los que la oyeren. Diccionario BDAG: “es una palabra descuidad que por no tener valor es mejor que no se hubiera dicho”. De ella daremos cuenta.

            Y nos dice algo más que es espeluznante. V. 37 “Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado”. Aquí Jesús nos enseña algo importante. La palabra justificado es un término legal, forense, lenguaje de las cortes. Justificado es el opuesto a ser condenado. No significa hace justo sino declarar que alguien es justo según la ley. En otras palabras, seremos absueltos de condenación o seremos condenados por nuestras palabras. No es que seremos justificados por las obras. Si no que nuestras palabras revelarán el estado de nuestro corazón. Si nuestro corazón es uno que ha sido purificado por le fe en el Señor Jesús o si nuestro corazón jamás fue purificado por la fe. Si por la gracia de Dios nuestro corazón ha sido hecho de nuevo por la santificación del Espíritu Santo o no. No hay palabras insignificantes en este mundo.

IV. Aplicaciones prácticas

1. Dios por su gracia regeneradora nos ha hecho buenos árboles y por tanto debemos producir buenos frutos. Frutos de obediencia a Dios. Frutos de amor y paciencia y dominio propio. Frutos de buenas palabras que salgan de nuestra boca. Ahora bien, ese fruto no sale naturalmente sino por la gracia de Dios. Por medio de lágrimas, confesión de pecados, vigilar nuestras emociones, suplicar la gracia santificadora: Dios dame la lengua de Jesús.

2. Aprendemos que para tener una lengua que edifique a los que nos oyen tenemos que trabajar con nuestro corazón. Por eso dice Proverbios 4:23 “23 Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; Porque de él mana la vida”. El corazón es la esencia de lo que somos. Si lo cuidamos evitando lo que lo contamine, alimentándolo de lo que edifica (la comunión con Dios en oración, meditación de la Palabra, servicio a Dios, confesión de pecados, etc.) entonces nuestras palabras saldrán para edificación. “Porque de la abundancia del corazón habla la boca”.

3. Dice Santiago que nosotros ofendemos muchas veces con la lengua. Santiago 3:2Porque todos ofendemos muchas veces. Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo el cuerpo”. Y también dice en Santiago 3:9-10Con ella bendecimos al Dios y Padre, y con ella maldecimos a los hombres, que están hechos a la semejanza de Dios. De una misma boca proceden bendición y maldición. Hermanos míos, esto no debe ser así”. Y también dice Efesios 4:29 “29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca…”. Lo que debe caracterizar nuestra vida debe ser Colosenses 4:6Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal, para que sepáis cómo debéis responder a cada uno”. Debemos estar atentos y oírnos a nosotros mismos cómo hablamos. Y cuando veamos que nuestras palabras no han sido dignas del Señor Jesús, de nuestra fe en El, de nuestro deseo de agradarle en todo, entonces acércate a Dios en arrepentimiento. Pídele la lengua de Jesús y que tus palabras sean el lenguaje de Canaán. Y si has ofendido a alguien de palabra ve donde él o ella y pídele perdón. Porque los golpes se sanan con el tiempo, pero las palabras penetran hasta partir el alma. Solo Jesús puede sanar tu alma para que tus palabras sean “buenas para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes” Efesios 4:29.

           

Sermón: Mateo 12:22-32 La Blasfemía contra el Espíritu Santo

Mateo 12:22-32 “22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? 24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios. 25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino? 27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces. 28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa. 30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama. 31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.

 

            La oposición al Señor Jesús ha seguido creciendo. Tan seria es la oposición que Jesús les advierte que pueden estar cometiendo el pecado imperdonable. Jesús nos dice que hay pecados que son perdonables. Obviamente si hay genuino arrepentimiento. Pero hay también un pecado que es imperdonable.  Que Dios mismo ha dicho que jamás será perdonado ni en esta vida ni en la vida venidera.

            ¿Cuál es ese pecado imperdonable? Jesús lo llama la blasfemia contra el Espíritu Santo. ¿Qué es ese pecado? ¿Quiénes son los que lo han cometido? ¿Algún amigo mío, o familiar: sea hijo(a) o cónyuge ha sido culpable de cometer ese pecado? ¿He cometido yo ese pecado? De eso vamos a predicar en el día de hoy. Veremos tres puntos. 1. ¿Cuál es el contexto del pasaje que propicia tal conversación? 2. ¿Qué es la blasfemia contra el Espíritu Santo? 3. ¿Quiénes pueden cometerlo?

I. ¿Cuál es el contexto del pasaje que propicia tal conversación?

            Mateo no nos dice cuándo ocurrió el incidente. Solo se limita a decir: “entonces”. V. 22-23 22 Entonces fue traído a él un endemoniado, ciego y mudo; y le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba. 23 Y toda la gente estaba atónita, y decía: ¿Será éste aquel Hijo de David? Si te das cuenta Mateo va a toda prisa en su narración. La obra de sanidad él la discute de una manera bien corta porque él está interesado en cubrir el tema de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Este es un tema sumamente importante. Verdaderamente serio.

            Ahora bien, el contexto es el siguiente. Le traen a Jesús a un endemoniado, a una persona poseída por un demonio. Y aparentemente el demonio provocó que esta persona estuviera ciega y muda. Había afectado dos de los 5 sentidos. Y de una manera sencilla nos dice Mateo que Jesús le sanó. No nos dice cómo lo hizo. Pero sí nos dice dos cosas importantes. Una, que la obra de sanidad fue completa y perfecta. “le sanó, de tal manera que el ciego y mudo veía y hablaba”.  Y aunque Mateo no nos dice cómo lo hizo, lo que hizo fue algo grande, fue verdaderamente impresionante. Lo sabemos por la reacción de la gente. “Toda la gente estaba atónita”. No lo podían creer. Era algo tan grande que se dieron cuenta que era algo sobrenatural. Al punto de preguntarse: “¿será éste aquel Hijo de David?”. ¿Será aquel Hijo de David que Dios había prometido en el AT y cuyo reino no tendría fin? En otras palabras: ¿será éste el Mesías prometido?

            A lo cual respondieron los fariseos. V. 24 “24 Mas los fariseos, al oírlo, decían: Este no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios”. Fíjate que hay un contraste. “Toda la gente… mas los fariseos”. Viendo lo que había ocurrido. Viendo que Jesús realmente había sacado un demonio del cuerpo de esa persona. Viendo el milagro con sus propios ojos. Y reconociendo que eso era así y no fantasía. Dicen: “Este” [y la palabra éste es en forma de desprecio] no echa fuera los demonios sino por Beelzebú, príncipe de los demonios”. Ya habíamos visto esa palabra. La palabra Beelzebú es una palabra filistea. Está compuesta de Beel que proviene de la palabra: Baal que significa Señor. Y la palabra zebú proviene de la palabra moscas. Así que Beelzebú significa literalmente el Señor de las moscas. Y es sinónimo de Satanás mismo. En otras palabras, los fariseos, aunque vieron el milagro y no lo podían refutar ni negar, dijeron con profunda convicción que Jesús expulsó el demonio por el poder mismo de Satanás.

            A lo cual Jesús les contesta con dos puntos. V. 25-26 “25 Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá. 26 Y si Satanás echa fuera a Satanás, contra sí mismo está dividido; ¿cómo, pues, permanecerá su reino?”. Piensen por un momento lo absurdo de lo que dicen. Si yo hago este milagro de expulsar el demonio por el poder mismo de Satanás entonces Satanás está divido contra sí mismo. Satanás está peleando contra sí mismo. “Todo reino dividido contra sí mismo es asolado” y la palabra asolado aquí significa totalmente destruido. Y si Satanás echa fuera a Satanás su reino no podrá permanecer, sino que Satanás se está destruyendo a sí mismo. Satanás se disparó a sí mismo en el pie. Eso es absurdo.

            Y el segundo punto es V. 27 “27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces”. ¿Quiénes son vuestros hijos aquí? Por los hijos se refiere a los discípulos de los fariseos. En el AT se habla de los hijos de los profetas en el libro de Samuel para indicar a los discípulos de los profetas. Aquellos que seguían y aprendían de los profetas el ministerio profético. Era el seminario del AT. Aquí Jesús reconoce que los fariseos tenían unos discípulos que practicaban el exorcizar demonios. Y les dice: “27 Y si yo echo fuera los demonios por Beelzebú, ¿por quién los echan vuestros hijos? Por tanto, ellos serán vuestros jueces”.

            Entonces Jesús concluye. V.28-29 “28 Pero si yo por el Espíritu de Dios echo fuera los demonios, ciertamente ha llegado a vosotros el reino de Dios. 29 Porque ¿cómo puede alguno entrar en la casa del hombre fuerte, y saquear sus bienes, si primero no le ata? Y entonces podrá saquear su casa”. Jesús les dice: este milagro fue hecho por mí en el poder del Espíritu Santo. Y esto demuestra lo que yo he predicado: el reino de Dios ha llegado a vosotros. El reino de Dios no es algo totalmente futuro. Ha llegado con la venida del Hijo de Dios. El reino de Dios es donde Jesús es recibido como Rey y Señor. Nosotros somos el reino de Dios o de Cristo porque Dios nos ha hecho creer el evangelio y recibir a Cristo como nuestro Dios y Señor y Rey y el todo de nuestra vida. Y yo he sanado a este hombre porque Satanás no puede contra mí. Aunque Satanás es el hombre fuerte yo pude echarlo fuera de este hombre porque yo soy más fuerte que él. Yo le he atado y he saqueado su casa, es rescatado a los que estaban presos por Satanás.

            Y les dice más: V. 3030 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama”. En esto no hay neutralidad. El que no es conmigo, ni apoya mi obra, ni sigue mis caminos, ni se opone al reino de Satanás, ni me recibe como lo que soy el Rey Salvador “contra mí es”. “y el que conmigo no recoge, desparrama”. El simbolismo es del mundo animal. Los animales tienden a desparramarse por el terreno. Si alguien los ve y no los recoge es culpable de desparramarlos. Como se dice en P.R., el que calla otorga. El que no es con Jesús está en contra de Jesús. O somos seguidores de Jesús o somos seguidores de Satanás. O somos hijos de Dios o somos hijos de Satanás. No hay término medio. Así son los reclamos de Jesús. Y te pregunto ¿a qué bando perteneces? ¿Es Cristo Jesús tu Señor? Si no le sigues estás en contra de Él.

            Ese es el contexto del pasaje que propicia tal conversación. Entonces Jesús les hace una advertencia. Y les habla del hecho de que hay un pecado imperdonable. ¿Qué es ese pecado imperdonable?

II. ¿Qué es la blasfemia contra el Espíritu Santo?

            Mira lo que dice Jesús. V. 31-32 “31 Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada. 32 A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado; pero al que hable contra el Espíritu Santo, no le será perdonado, ni en este siglo ni en el venidero”.  ¿Cuáles son sus características? Vamos a enumerarlas:

1.                 Es un pecado que no es fruto de la ignorancia. Por ignorancia uno puede cometer grandes y terribles pecados. Como por ejemplo ser un blasfemo e injuriador contra la iglesia de Cristo. Pablo fue un blasfemo y perseguidor de la iglesia. Pero Dios tuvo misericordia de él porque fue hecho por ignorancia. 1 Timoteo 1:13 “13 habiendo yo sido antes blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad”. Pero incluso blasfemar contra el Hijo del Hombre, blasfemar contra Jesús tiene perdón si hay genuino arrepentimiento. En Hechos 3:14-15, 17 “14 Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida, 15 y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 17 Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes”. Por eso Jesús cuando estaba colgado en la cruz su primera palabra fue: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). No dejan de ser pecadores. Su muerte fue un acto de pecado. Pero fue por ignorancia. No vieron en Jesús al Hijo de Dios y Salvador. Vieron en El a un engañador y blasfemo. Ese no es el caso aquí. Así que no es un pecado cometido por ignorancia o debilidad. Por eso dice Jesús, V. 32ª “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado”. Le será perdonado si hay genuino arrepentimiento.

2.                 Es un pecado realizado con convicción contra la obra del Espíritu Santo. Los fariseos habían visto el milagro. Sabían que no lo podían negar ni contradecir. Sabían que su oposición era absurda. Que inclusive sus hijos o discípulos procuraban hacer lo mismo que hizo Jesús. Sabían que la única explicación era que fue hecho por Dios mismo. Aun así, declararon que fue obra de Satanás. Se opusieron con convicción en contra de la obra del Espíritu Santo. Con la convicción de que sabían que no era cierto lo que decían. Pero no les importó decir la gran mentira, aunque sabían que mentían.

3.                 Es un pecado que no se limita a blasfemar con las palabras, sino que lo acompaña una rebelión, odio y oposición contumaz de la verdad. Lo vemos claramente en la carta de los Hebreos 6:4-6 “4 Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, 6 y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio”. Aquí se habla de una profunda convicción de la verdad. Se habla de aquellos que a todas luces parecen ser cristianos. Recibieron la palabra de Dios con gozo. Fueron bautizados. Se hicieron miembros de la iglesia. Posiblemente recibieron algunos dones del Espíritu Santo. Pero recayeron. Se apartaron de la fe con rebelión y contumacia. Tal situación endurece su corazón de tal manera que jamás podrán arrepentirse. Y esto como un juicio de Dios por su pecado.

            Ese es el pecado imperdonable. Es imperdonable porque Dios ha dicho que jamás será perdonado quien cometa tal pecado. Ni en este mundo ni en el venidero. O como lo dice Marcos 3:29 “29 pero cualquiera que blasfeme contra el Espíritu Santo, no tiene jamás perdón, sino que es reo de juicio eterno”.

            Ahora bien. Se levanta una pregunta. ¿Quiénes pueden cometerlo?

III. ¿Quiénes pueden cometerlo?

            Desde el punto de vista humano todos los que han escuchado el evangelio del Señor Jesús pueden cometer la blasfemia contra el Espíritu Santo. Todos nosotros por causa del pecado remanente en nosotros podríamos, dejados a nosotros mismos, cometer este pecado. Nuestros hijos podrían cometer este pecado. Nuestros cónyuges podrían cometerlo también. Algunos de nuestros familiares podrían cometerlo y posiblemente hemos conocido a alguien cercano a nosotros que lo haya cometido o que esté a punto de cometerlo.

            Pero desde el punto de vista de la gracia de Dios sobre nosotros y en virtud del pacto de gracia, un genuino creyente jamás lo cometerá. ¿Por qué no?

1. Porque Jesús vino para destruir las obras de Satanás por nosotros y para nosotros. Esto no es por casualidad sino intencional. Su obra de salvación incluye la destrucción del reino de Satanás al cual pertenecemos por naturaleza. Dice Hebreos 2:14 “14 Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. Cristo vino a destruir con su muerte y resurrección el pecado y el reino de Satanás. Cristo Jesús es más poderoso que Satanás. Él es el único que puede atar al hombre fuerte porque Él es Dios hecho carne. Tú, oh creyente, jamás podrás vencer a Satanás por ti mismo. Por tus propias fuerzas. Pero fortalecido con el poder de su fuerza y vestido con la armadura de Dios podrás vencer a Satanás. Podrás resistir sus tentaciones. Podrás resistir a Satanás y huirá de ti. Porque lo has vencido en Cristo Jesús.

2. Un genuino creyente jamás podrá cometer ese pecado porque la gracia de Dios lo sostiene. Eso es lo que entiendo yo dice el apóstol Juan en 1 Juan 5:18 “18 Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca”. Si eres de Cristo en espíritu y en verdad Dios te preserva hasta el fin. El lo prometió. Jesús dijo en Juan 10:27-29 “27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. 29 Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”. Ese es el amor de Dios por ti en Cristo Jesús.

            Por eso da gracias al Padre “13 el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo,”. Colosenses 1:13. Y esto por pura gracia sin nosotros merecerlo. Si eres genuino creyente duerme tranquilo que Cristo cuida de ti.   

Sermón: Mateo 12:9-14 Hagamos bien en el día de reposo 

Mateo 12:9-14 “9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo? 11 Él les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja? Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo. 13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra. 14 Y salidos los fariseos, tuvieron consejo contra Jesús para destruirle”.  

 

Jesús es el Señor del día de reposo. Y con ese énfasis quisiera que viéramos 

las enseñanzas del pasaje de hoy. Jesús es el Señor del día de reposo. El es quien lo instituyó. Y es El quien nos enseña que el cuarto mandamiento de la ley moral de Dios sigue vigente para el día de hoy. Y ese cuarto mandamiento nos enseña que por medio de la fe en Jesús es que nosotros entramos en el reposo de Jehová. Cada domingo, que es el día de reposo para la iglesia del NT, nos recuerda que Cristo venció la muerte. Y que nosotros la hemos vencido en El. Que aunque todos moriremos, porque la paga del pecado es muerte, lo cierto es que para el creyente la muerte es la puerta al reino de los cielos. Y allí, en los cielos, comenzamos a disfrutar del reposo eterno de los santos. Allí nos espera Jesús, los ángeles de Dios y las almas de los justos hechas perfectas en santidad.  

Como Señor del día de reposo Jesús nos enseña que la ley moral y nuestro amor al prójimo, por amor a Dios, tiene precedencia sobre la ley ceremonial. Que aunque la ley ceremonial fue instituida por Dios mismo no fue hecha para destruir la misericordia y la compasión al necesitado. Y en este pasaje Jesús nos enseña algo más sobre cuál es la manera correcta de guardar el día de reposo. Y aquí podemos ver tres cosas importantes: 1. Una pregunta engañosa. 2. Una respuesta correcta. 3. Una obra gloriosa. Veamos cada uno de ellos.  

I. Una pregunta engañosa 

 V. 9-10 “9 Pasando de allí, vino a la sinagoga de ellos. 10 Y he aquí había allí uno que tenía seca una mano; y preguntaron a Jesús, para poder acusarle: ¿Es lícito sanar en el día de reposo?”. Luego de pasar por medio de los sembradíos Jesús llega a la sinagoga de ellos, de los fariseos. Y allí se encuentra una persona que tenía “seca una mano”. Lucas nos indica que es la mano derecha. Acuérdate que Lucas era médico y es común que Lucas nos dé ciertos detalles relacionados con la medicina. ¿Qué es una mano seca? Es una mano paralizada y que por causa de no poder usarla ha perdido masa muscular. Y esto implica que lleva tiempo con ese problema. Esto no es algo que ocurre de un día para otro. Tenemos aquí una condición seria de mucho tiempo.  

Ahora bien, los fariseos, buscando que Jesús fallara o pecara según las leyes rabínicas y así poder acusarle contra el gobierno o contra el sanedrín, la corte judía, le hacen esta pregunta: “¿Es lícito sanar en el día de reposo?”. Fíjate que ellos no están interesados realmente en aprender. Para ellos el único interés no es el bien de la persona con una condición de salud seria. Su interés es destruir a Jesús. A aquel que en dondequiera que iba procuraba hacer bien.  

La pregunta es interesante por esta razón. Las leyes rabínicas decían que una persona podía recibir “sanidad” o atención médica en el día de reposo únicamente si la vida de la persona estaba en peligro. Pero ese no es el caso aquí. No era una condición de vida o muerte. Era una condición incapacitante pero no totalmente. El podía trabajar con una sola mano. Para los fariseos si no era de vida o muerte la persona afectaba debía esperar al otro día para recibir asistencia médica.  

Pero nos dice Lucas 6:8 “8 Mas él conocía los pensamientos de ellos; y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie”. Jesús quien como Dios conocía los pensamientos de ellos sabía que la intención de ellos era destruirle. Aún así no reusó contestar la pregunta.  

Hermanos, el mundo está pendiente de lo que hacemos. Y no te extrañes que su interés sea, en algunas ocasiones, el buscar una excusa para hablar mal de cristianismo. Y nosotros reconociendo que somos pecadores a veces pensamos que lo mejor es ni siquiera decir que somos cristianos. Pero esa no debe ser la respuesta. Dios nos ha salvado en Cristo Jesús para que representemos su nombre. Para que les enseñamos que su obra de salvación produce un nuevo hombre que verdaderamente ama a Dios y a la criatura en la correcta proporción y balance. Y que tenemos el llamado ineludible de “ser celosos de buenas obras” porque somos un nuevo pueblo lavados con la sangre de Cristo. Por tanto, nunca nos echemos para atrás ni nos acobardemos cuando veamos que el mundo desea vernos caer. La gracia de Dios es suficiente para sostenernos. Y si nos caemos, nuestro Dios no nos desecha. Pidámosle perdón, enmendemos nuestros errores y sigamos adelante con el favor de Dios.   

Ahora bien. Los fariseos deseaban buscar un error o pecado en Jesús para poder acusarle. La pregunta no es en amor ni interés del necesitado. Jesús conociendo los pensamientos de ellos le da una respuesta correcta. 

II. Una respuesta correcta 

¿Cuál es la respuesta? Jesús les hace unas preguntas. En otras palabras, Jesús responde a su pregunta con varias preguntas. V. 11-12 “11 El les dijo: ¿Qué hombre habrá de vosotros, que tenga una oveja, y si ésta cayere en un hoyo en día de reposo, no le eche mano, y la levante? 12 Pues ¿cuánto más vale un hombre que una oveja?”. Marcos nos dice algo más. En Marcos 3:3-4 “3 Entonces dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate y ponte en medio. 4 Y les dijo: ¿Es lícito en los días de reposo hacer bien, o hacer mal; salvar la vida, o quitarla? Pero ellos callaban”. Hermanos no hay una contradicción aquí. Jesús pudo haber hecho más preguntas y cada evangelista usa lo necesario para su escrito.  

Jesús les dice: ¿quién de ustedes si su oveja no se cae en un hoyo no es movido a misericordia y compasión por la oveja y procura hacer lo posible por sacarla de allí? ¿Y lo hacen sin importar que sea el día de reposo? Es posible que Jesús haya visto algo así. Y luego dice algo súper importante para nuestros días. V. 12 “¿cuánto más vale un hombre que una oveja?”. Si estamos dispuestos a rescatar una oveja cuanto más a un hombre que vale más que una oveja. ¡Oh hermanos, cuánto ciega el pecado a los hombres! Hoy día se trata a los animales como si ellos valieran lo mismo que una persona. Y en algunos casos más que una persona. Metemos preso a una persona por matar un carey. Pero sustentamos el aborto con dinero del pueblo. Como decía R.C. Sproul: “hoy día el lugar más peligroso para un ser humano lo es en el vientre de una madre”. Pero Jesús nos dice que nosotros valemos más que las ovejas, más que cualquier animal que existe en este mundo porque solo nosotros hemos sido creados a la imagen de Dios. Lo triste del caso es que hemos llegado como sociedad al punto de destruir a la misma humanidad. Y le hemos quitado de su dignidad como creación de Dios. Hemos comparado al ser humano a los monos, a los mosquitos, a la harina. E incluso se ha exaltado a la criatura por encima del Creador. Cuando hacemos esto perdemos el valor del ser humano y lo degradamos peor que los mismos animales. Y esto nos lleva a perder compasión del dolor humano desde una perspectiva correcta. Pero Jesús nos enseña a poner las cosas en orden. A cuidar a los animales, a reconocer que son criaturas de Dios, pero son inferiores al hombre. Pero también a preocuparnos por nuestro prójimo y a amarle como nos amamos a nosotros mismos. A tener más misericordia por la vida humana que por la vida animal. Y a no colar el mosquito y dejar pasar el camello. 

Nos dice Marcos algo adicional. En Marcos 3:5ª “5 Entonces, mirándolos alrededor con enojo, entristecido por la dureza de sus corazones,”. Jesús se enojó. ¿Cuál fue la causa del enojo? La tristeza que le produjo la dureza del corazón de ellos. La causa lo fue el pecado. Sí hermanos, enojarnos en sí mismo no es pecado. Jesús se enojó y El nunca pecó. Pablo nos dice en Efesios 4:26 “26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,”. No es pecado el enojo si es dirigido a la causa correcta: el pecado. Nuestro enojo no puede llegar al punto de dejar de amar a nuestro prójimo y hacerles bien. Y de perdonar sus ofensas. 

Entonces Jesús, nos dice Marcos y Lucas, pone al hombre de la mano derecha seca y qué hace. Hace una obra gloriosa.  

III. Una obra gloriosa 

Mateo 12:13 “13 Entonces dijo a aquel hombre: Extiende tu mano. Y él la extendió, y le fue restaurada sana como la otra”. Jesús solo dice: “extiende tu mano”. No hace nada más. No le pone barro. No hace una oración. Solo “extiende tu mano”. Hermanos, Jesús nos enseña con eso que su obra de sanidad no es magia sino poder divino. Porque la mano le fue restaurada sana como la otra.  

Jesús con su milagro probó que era el mensajero de Dios. Probó que Dios estaba con Él. Y por tanto, que todo lo que dijo sobre el reposo es cierto porque El goza de la aprobación de Dios. Que Él es Señor del día de reposo. Por eso cuando vieron esto los fariseos, en vez de ver la obra de Dios y alabarle por su misericordia y poder, nos dice Lucas 6:11 “11 Y ellos se llenaron de furor, y hablaban entre sí qué podrían hacer contra Jesús”. Y Marcos nos dice en Marcos 3:6 “6 Y salidos los fariseos, tomaron consejo con los herodianos contra él para destruirle”. Los herodianos eran hombres de influencia, un partido político, que apoyaban el reinado de la familia de Herodes sobre Palestina. Siempre se presentan asociados con los fariseos. El dicho es cierto: el enemigo de mi enemigo es mi amigo.  

¿Qué nos enseña Jesús de todo esto? Jesús mismo nos aplica toda esta enseñanza y nos instruye en cómo guardar el cuarto mandamiento. V. 12b “Por consiguiente, es lícito hacer el bien en los días de reposo”.  

Hermanos y amigos, el domingo es el día de reposo cristiano. La resurrección de Cristo ha cambiado el día de reposo del séptimo día al primer día de la semana. Y es el día que Dios ha designado para que sea el día en que nos reunamos como iglesia para adorarle. Descansamos de un día de trabajo secular para que podamos venir a la casa de Dios para adorar a aquel que nos ha creado y ha salvado de nuestros pecados. Para adorar a aquel que nuestra alma ama. Es un día centrado en la adoración a Dios.  

Pero Jesús nos dice: es un día en cual no solo podemos hacer bien sino debemos hacer bien a los demás. El día de reposo nos debe enseñar que el día no se centra en nosotros. Es el día del Señor. Pero es un día en el cual debemos hacer bien. No sé si te has dado cuenta al leer los evangelios de cómo Jesús sanó muchas veces en el día de reposo. Para recordarnos acerca de tener misericordia y compasión. Así como Dios ha tenido misericordia y compasión de nosotros. No te olvides el pecado no solo nos ha introducido en un estado de pecado sino también en un estado de miseria y sufrimiento. Y al procurar traer alivio al que sufre nosotros ilustramos la obra de salvación de Jesús. El vino para sanarnos de nuestros pecados. El vino para pagar por nuestra culpa. El vino paraa limpiarnos de nuestros pecados. En misericordia vino a dar su vida para rescatarnos. Y cuando visitamos a los enfermos en ese día del Señor, el domingo, o procuramos servir a los necesitados, buscar el cómo hacer bien a los que sufren, estamos nosotros enseñándoles con nuestras buenas obras que habrá un día en que Dios nos librará de todas nuestras angustias a todos los que creen en Jesús. Que Dios no solo se ocupa de nuestra alma sino también de nuestros cuerpos.   

Esto es algo en que la iglesia ha perdido su norte. El cuarto mandamiento nos debe enseñar a no vivir en una burbuja separados del mundo. Sí es el día de adoración y culto y no debemos descuidarlo como algunos tienen por costumbre. Pero Jesús nos enseña más. Es el día por excelencia para ser bien por el más excelente bien que Dios nos ha dado: la salvación de nuestras almas. Aprovecha: visita los enfermos, llama a los que están solos, consuela a los enlutados, socorre al necesitado. Es lícito hacer bien en el día de reposo. Entonces qué esperas. Sal de la burbuja y no pienses solo en ti.   

Sermón: Mateo 11:25-30 Soberanía y responsabilidad

Mateo 11:25-30 “25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así te agradó. 27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. 28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”.

 

            Hemos llegado a una porción bíblica de las más queridas por la iglesia. Por lo menos en lo que respecta a los versículos 28-30. En esos versículos tenemos una increíble invitación a la salvación y al descanso de parte de los labios del Señor Jesús. Estos dos últimos versículos no tiene paralelo en los demás evangelistas. Pero su enseñanza en de la mayor importancia. Ya que Jesús en una manera tan sencilla nos ha revelado un caudal de enseñanza maravillosa.

            Pero no podemos entender correctamente esos tres versículos finales de este capítulo si no lo colocamos en el contexto de lo que vimos anteriormente.

            En los versículos anterior vimos de parte del Señor Jesús unas palabras fuertísimas. Capernaum, Betsaida y Corazín habían visto al Señor Jesús caminar en medio de ellos. Y además escucharon su mensaje de salvación y vieron sus milagros. ¿Y cuál fue su reacción? La mayoría de ellos no se arrepintieron de sus pecados. Esto es increíble. Dios mismo encarnado caminó entre medio de ellos. Dios mismo encarnado les habló como un amigo le habla a otro amigo. Dios encarnado sanó leprosos, resucitó muertos, curó enfermedades, liberó a aquellos que estaban poseídos por Satanás. Y nadie negó que todos sus milagros eran ciertos y verdaderos. Y aun así la mayoría no se convirtió a Él. La mayoría no dijo: verdaderamente he aquí el Hijo de Dios. Ni vieron sus ternura, ni su misericordia, ni el hecho que El no vino a condenar al mundo sino a que el mundo fuera salvo por Él. Así de terrible es el pecado. El pecado ciega los ojos y la mente porque cauteriza el corazón del hombre. El ser humano no puede ver la luz de la gloria de Cristo porque está ciego espiritualmente.

            Entonces Jesús declara algo fuerte: que el castigo será mayor sobre los que escucharon el evangelio y no se arrepintieron que sobre las naciones que nunca escucharon el evangelio. V. 22 y 24. ¿Por qué es así? Porque rechazaron la voz misma de Dios. Rechazaron el mensaje de salvación de labios mismo de Dios. Han rechazado la invitación a salvación. Si Jesús fuera meramente un hombre como cualquiera de nosotros tal amenaza fuera sin impacto. Pero cuando tal amenaza proviene de labios mismo del Dios encarnado entonces la cosa cambia.

            Oh hermano y amigo. Si has escuchado el mensaje de salvación de que somos pecadores y por tanto Dios está airado contra nosotros. Y aun en su misericordia Dios ha provisto un camino de salvación totalmente gratuito en la persona y obra del Señor Jesús. Y no te has arrepentido de todos tus pecados y no has recibido a Cristo como tu Señor y Salvador y no te has rendido a sus pies. A ti te dijo tu castigo será mayor en el infierno. Y tú hijo de padres cristiano que has sido criado en la iglesia si realmente no te has convertido y Cristo no es tu Dios y sus Palabras son lo más importante para tu vida y vives para agradarle, servirle, adorarle, conocerle más y más, tu castigo será mayor en el infierno que el castigo de aquellos que nunca conocieron el evangelio como tú lo conoces.

            Ahora bien hermanos. Se levanta una pregunta. ¿A qué se debe todo esto? ¿Por qué esto sucede así? ¿Hay alguna explicación? Jesús nos dice que sí.  Y la contestación que da Jesús mismo es increíble. Para poder entender esto nos dice Jesús necesitamos, como discípulos suyos, entender dos cosas medulares: la soberanía de Dios y la responsabilidad humana.  Así que veremos hoy la soberanía de Dios en la salvación y la responsabilidad humana en la salvación.

I. La soberanía de Dios en la salvación

            V. 25-26 “25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños. 26 Sí, Padre, porque así te agradó”. Lo primero que yo deseo que vean es que Jesús nos quiere enseñar a nosotros quienes somos sus discípulos lo mismo que les enseñó a sus apóstoles. ¿Qué cosa? Que Dios es soberano en la salvación de pecadores.

            Hermanos, conocer sobre la soberanía de Dios en la salvación de pecadores es parte del discipulado cristiano. Esto no es una doctrina únicamente para los maduros en la fe. Conocer y estudiar la soberanía de Dios es parte fundamental de la instrucción cristiana. Todos nosotros debemos ser conocedores del hecho de que Dios es soberano no solo sobre el mundo y las cosas materiales sino también sobre la salvación de cada alma que se convierte en este mundo. ¿Conoces de la doctrina como se te ha enseñado? ¿La has abrazado como Cristo mismo la ha abrazado?   

            ¿Cómo Jesús la enseña en este pasaje? Fíjate que Jesús comienza diciendo: “En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo”. Mateo no nos dice en qué tiempo en particular. Si te das cuenta es muy vago. No nos da detalles. Pero el pasaje paralelo en Lucas 10:21-22 se da en el contexto del reporte de los 70 misioneros enviados por Jesús a evangelizar. Así que se da en un contexto evangelístico. Y yo creo que eso es cómo debemos verlo aquí. Mateo nos dice que luego de que Jesús anunciara el castigo a los que escucharon y vieron y no se arrepintieron Jesús procura explicarnos el por qué es así.

            Y qué es lo primero que Jesús hace: el adora al Padre. Mira cómo lo narra Lucas 10:21 “21 En aquella misma hora Jesús se regocijó en el Espíritu, y dijo: Yo te alabo, oh Padre, Señor del cielo y de la tierra,”. Mateo 11:25 “25 En aquel tiempo, respondiendo Jesús, dijo: Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra”. Aquí Jesús nos enseña algo muy importante. La doctrina bíblica de la soberanía de Dios en la salvación de pecadores debe ser motivo de adoración. Si esta no te lleva a postrarte delante de Dios y confesar: “oh Dios, tú eres Dios, tú eres Rey, tú eres Señor, todo lo que existe es tuyo y tú tienes todo el derecho de hacer lo que tú quieras con lo tuyo y mi alma se regocija en esto”. Es que no has entendido la doctrina. Así que lo primero que Jesús hace cuando ve que muchos no se han arrepentido ante su mensaje es adorar al Padre.

            Y no solo eso: Jesús confiesa que el Padre es soberano. “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra”. Es decir, yo Padre reconozco que tú eres Señor, que significa Dueño, Propietario, Rey del cielo y de la tierra. El es Rey, Dueño y Señor absoluto de todo lo que existe. Como dice el Salmo 24:1 “1 De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan”. Ese es el concepto de Dios que debemos tener nos dice Jesús. Y por tanto Dios tiene el derecho de hacer lo que quiera con lo suyo.

            Y nos dice algo más que es chocante: “Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque escondiste estas cosas de los sabios y de los entendidos, y las revelaste a los niños”. Aquí Jesús reconoce hermanos, que Dios Padre tiene la libertad de revelar su salvación a unos y no revelarla a otros. A unos el Padre les “escondió estas cosas”. ¿Cuáles? Las que pertenecen a la salvación; ese es el contexto. Y a otros se las reveló. He ahí el misterio de la doctrina de la elección soberana. Pablo dice en Romanos 9:15 “15 Pues a Moisés dice: Tendré misericordia del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me compadezca”. Dios es libre en tener misericordia de quien El quiera y de compadecerse de quién quiera. Por eso dijo Jesús en Mateo 13:10-11 “10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 11 El respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; mas a ellos no les es dado”.

            Pero alguien pudiera preguntar eso es producto del pecado del pueblo. ¿Qué contesta Jesús? Jesús atribuye todo esto a la soberana voluntad de Dios Padre. V. 26 “26 Sí, Padre, porque así te agradó”. A ti Padre te agradó revelar tu gracia salvadora a los niños, es decir, a los que por tu gracia suavizadora has hechos recipientes de tu mensaje sean estos niños, jóvenes o adultos. Sean estos eruditos, o sin educación. A aquellos que por tu gracia reconocen que dependen totalmente de ti. Que sin ti no son nada. Y la has escondido de aquellos pecadores que se creen que por su sabiduría y astucia no necesitan de ti ni de tu salvación.

            Pero nos dice algo más Jesús. Nos dice que esta salvación depende absolutamente de la libre soberanía del Hijo de revelar al Padre a quien el Hijo quiera. V. 27 “27 Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre; y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”. Todas las cosas referente a la salvación le han sido entregadas por su Padre. En la eternidad tu nombre fue grabado por el Padre en el corazón del Hijo, metafóricamente. El Padre ama salvar. El Padre tu misericordia de los pecadores que vio como caídos y envió a su Hijo para que muriera por ellos. Hay armonía en el plan de salvación entre las personas de la Trinidad.

            Y así como el Padre es soberano en ocultar y revelar estas cosas según su libre voluntad de igual manera tiene libertad el Hijo al Padre y su salvación “aquel a quien el Hijo lo quiera revelar”.

            Hermanos, Dios es soberano en la salvación de pecadores. Dios no es un monigote que podemos nosotros manipular a nuestro antojo. El no es un dios que tiene que pedirle permiso a alguien porque todo es de Él. Nosotros todos somos pecadores y no merecemos nada bueno de parte de Dios excepto su ira y condenación. “Porque todos hemos pecado y estamos destituidos de la gloria de Dios”, Romanos 3:23. Y el pecado nos había cegado espiritualmente. Nosotros también no podíamos ver la gloria de Dios en el rostro del Señor Jesús. Nosotros también no creíamos, ni le amábamos. Y por causa del pecado jamás íbamos a venir a Jesús para tuviéramos vida.

            Pero Dios en su misericordia puso su amor sobre ti desde antes de la fundación del mundo. Y Jesús vino con la encomienda de dar su vida en rescate de ellos. El como el Buen Pastor vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

            No te olvides que no eres tú quien buscas a Dios sino que es Dios quien te busca a ti. Todo lo que eres como cristiano, como hijo de Dios, como heredero del reino de cielos se lo debes al amor electivo de Dios Padre y al sacrificio perfecto de Cristo y al poder omnipotente del Espíritu Santo llamándote irresistiblemente. Y esto de pura gracia.

            Es esta verdad la que Jesús nos dice: debe producir en nuestras vidas un sentido de asombro ante la grandeza de Dios. Debe producir un sentido de humildad de que cómo es posible que Dios me escogiera para ser su hijo a un vil pecador como yo.

            Pero entonces se levanta una pregunta. Si Dios es soberano en la salvación de pecadores. ¿Qué pito yo tomo en este asunto? Jesús nos enseña acerca de la responsabilidad humana en la salvación de pecadores.

II. La responsabilidad humana en la salvación

            V. 28 “28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. Jesús nos dice que aunque Dios es soberano en la salvación de pecadores el hombre es responsable ante el mensaje de salvación.

            Hermanos, no te asombres cuando muchos no quieren escuchar nuestro mensaje. Todo está en las manos de Dios y bajo su control.

            ¿Qué debemos hacer cuando eso pasaje? Hacer lo que Jesús hizo. Llamó con amor y misericordia a los pecadores así mismo. Y les dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar”. El llamado es universal. Como dice Pablo en Hecho 17:30 “manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan”.

            Aquí Jesús nos enseña hermanos que el pecado produce un sentido de trabajo y de peso o carga. Por causa del pecado todos estamos trabajados y cargados. Todo el sufrimiento del mundo es fruto del pecado de Adán y Eva. Cuando Jesús dice: trabajados y cargados lo que hace Jesús es que veas la realidad del pecado en el mundo y en nuestras vidas a través de la realidad de la miseria que hay en el mundo. Todos sentimos fatiga. Todos nos sentimos afanados, angustiados, llenos de ansiedad, llenos de temores. Con frustraciones a todos lados. Frustraciones económicas, de salud, del caos en la sociedad, de soledad, de inseguridad, etc. Todo eso revela que hay pecado en el mundo y que nosotros también somos pecadores.

            Pero aquí Jesús nos revela que para todo trabajo y carga El es nuestro descanso. Todos los que vienen a El en fe y en arrepentimiento, con todos sus trabajos y cargas, con todas sus frustraciones y luchas y con todos sus pecados Él les dará descanso. Quitará de nuestras espaldas el peso de la culpa del pecado. Quitará nuestra ansiedad de las enfermedades al saber que El puede sanarnos ahora y que al final, en la resurrección nos espera resucitar con un cuerpo glorioso, inmoral y libres de pecado. Que el temor de Jehová absorbe todos los temores porque nuestro Dios es soberano absolutamente sobre todo.

            Pero hay algo más. Esta oferta de salvación requiere no solo venir a El sino también: V. 29-30 “29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga”. Conlleva llevar sobre nosotros el yugo de Cristo. Aceptar que El es el Dueño de nuestras vidas. Que su autoridad sobre nosotros es absoluta. Que vivimos para Él. Y que su Palabra es la verdad absoluta sobre nuestras vidas.

            Pero no te asustes porque su yugo es fácil y ligera es su carga. Servirle a El nos libera. Tenerle como Señor y Salvador nos lleva a vivir en alegría, en paz, en seguridad. Y podemos disfrutar de la seguridad del amor de Dios, del gozo en el Espíritu Santo, de la seguridad de la vida eterna, de la compañía de los demás creyentes, de la protección de los ángeles. El saber que todos nuestros pasos son ordenado por Dios para nuestro bien. Que tenemos en Jesús no solo un Salvador sino un Rey que nos defiende, que nos hace obedientes, que nos regresa al camino recto cuando nos apartamos, que su Espíritu Santo nos da vida y fortaleza en el creer. Que Jesús es nuestro hermano mayor que ha ido al frente de nosotros marcándonos cuáles son las pisadas que debemos pisar. En fin hermanos, venir a Cristo dará paz a nuestras almas cual el mundo no puede dar. Ven a Cristo. Ven ahora y descansa en El.

Sermón: Mateo 10:34-39 Lo que cuesta seguir a Cristo

Mateo 10:34-39 “34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa. 37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará.”

 

            Sabes qué, una de las cosas que a mí no me gusta es que no me hablen claro. A veces cuando uno habla con un vendedor sea de comida o cualquier otra cosa ellos se limitan a decir los esencial sin entrar en detalles para así asegurar una venta. Y luego cuando uno compra el producto y comienza a usarlo o a espulgarlo uno descubre que no es lo que uno esperaba. Cuando esto ocurre es inevitable que uno se frustre o se decepcione.

            En esto como en otras cosas Jesús es distinto a los vendedores que hemos ilustrado. Jesús hablaba claro. Tú sabías a ciencia cierta con quién hablabas y lo que El desea de nosotros.

            Lamentablemente algunos con deseos que ganar almas para Cristo ocultan el costo del discipulado. Ocultan lo que implica seguir a Cristo. ¿Con qué propósito? Para que nadie se engañe. Para que nadie diga: me han engañado, yo no sabía lo difícil que era ser cristiano. Yo no sabía lo que implicaba recibir a Cristo como mi Profeta, Sacerdote y Rey. Por eso Jesús les dice aquí en este pasaje a los apóstoles y a nosotros lo que implica y lo que cuesta ser cristianos. Sí, hay bendiciones. Sí, recibimos la vida eterna. Disfrutamos de tener a Dios como Padre y de su cuidado paternal. Sabemos que Dios ordena todas las cosas para nuestro bien porque amamos a Dios. Pero también incluye un costo de seguir a Cristo. Y de eso trata el pasaje de Mateo 10:34-39. ¿Cuál es el costo de seguir a Cristo? Nos va a costar: 1. La ruptura de lazos familiares. 2. Reorganizar los afectos familiares. 3. Perder la vida para hallarla.

¿Cuál es el costo de seguir a Cristo?

I. La ruptura de lazos familiares

            V. 34-36 “34 No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. 35 Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; 36 y los enemigos del hombre serán los de su casa.”

            Hermanos amados, es increíble que Jesús diga esas palabras. ¿Sabes por qué? Porque desde el AT Dios había revelado que el Mesías sería un “Príncipe de paz, Isaías 9:6. Y dice más Isaías 9:7 “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite”. Además cuando los ángeles que anunciaron a los pastores que guardaban las vigilias de la noche recibieron la noticia en Lucas 2:14 “14 ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres!”. En cambio Jesús nos dice aquí: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada”. ¿Cómo podemos entender esto?

            Lo que Jesús nos está enseñando es aunque el evangelio anuncia la paz y logra la reconciliación entre Dios y los hombres no siempre el mundo aceptará esa oferta de paz y reconciliación. Muchos rechazan el evangelio.

            Y Jesús dice más: y no te asombres si también tu propia familia te rechaza a ti. En otras palabras, el efecto que produce el evangelio por causa del pecado del ser humano es inevitablemente que muchos lazos familiares se rompan. No porque nosotros deseamos romperlos. No porque Dios desea romperlos. Si no porque aún nuestra propia familia muchos nos rechazarán por nosotros seguir a Cristo. Por eso Jesús nos dice que El no vino para traer paz solamente a la tierra, sino también mi evangelio es como una espada que divide incluso lo lazos más importantes en la familia. Al punto nos dice Jesús en el V. 36 “36 y los enemigos del hombre serán los de su casa.” Y los enemigos del hombre, de cualquier hombre y mujer cristiana serán tristemente los de su casa.

            De esta triste realidad muchos cristianos pueden testificar. Algunos diciendo que desde que se hicieron cristianos sus padres no quieren saber de él. Piensan que les han lavado el cerebro. Y tal ve alguno de nosotros podemos testificar de cómo muchos en nuestra propia familia nos sacan el cuerpo. Y dicen: “bueno, podemos ir para tal sitio si no va fulano de tal”. Y algunos hacen actividades familiares sin notificarnos. E incluso he sabido de hermanos que han acusado a su hermano en el departamento de la familia por la manera en la cual educan y disciplinan en el temor del Señor a sus sobrinos.

            Así que Jesús nos dice: seguirme cuesta. Tú quieres ser mi discípulo, tú quieres el perdón de pecados en base a mi sacrificio, tú deseas ser limpio de tus pecados, y convertirte en hijo de Dios y disfrutar de todos los privilegios y de todas las libertades que ellos disfrutan. Entonces, entiende que ser mi discípulo te costará la pérdida de lazos familiares. Muchos de ellos se cortarán. ¿Estás dispuesto a soportarlo? No es que es algo que tú busques a hacer. Ningún cristiano debe buscar romper lazos familiares. Pero por seguir a Cristo fielmente, como debe ser, en obediencia a sus mandamientos, viviendo para Él, producirá tal ruptura de tu familia hacia ti.

            Pero eso no es todo. El costo de seguir a Cristo conlleva también, se segundo lugar, reorganizar los afectos familiares.

II. Reorganizar los afectos familiares

            V. 37 “37 El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí;” Hermanos, nadie debe pensar que Dios no nos llama a amar a nuestros padres ni a nuestras madres ni a nuestros hijos o hijas. Es todo lo contrario. Es más la última profecía del AT y la primera profecía del NT hablan acerca de cómo la salvación que Cristo trae al mundo produce un cambio de corazón y reconciliación entre los padres y los hijos. Dice Malaquías 4:5-6 “5 He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”. La transformación que Jesús produce en nosotros por su Espíritu Santo es amor, respecto, fidelidad, dedicación y cuidado hacia nuestros padres, madres, hijos e hijas.

            Pero Jesús nos dice: a veces el amor a los padres, madres, hijos e hijas entrará en competencia con mi amor. Cuando esto suceda no te olvides que tu amor por ellos no puede ser mayor que tu amor por mí. Este es el primero y grande mandamiento. Dice Marcos 12:30-31 “30 Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento. 31 Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento mayor que éstos”.

            ¿Sabes qué? Nosotros debemos amar a nuestros padres grandemente. Todos deben ser amados. Y muchos son verdaderamente dignos de amar. Nos han traído al mundo. Nos han cuidado. Nos han mimado. Han estado con nosotros en las buenas y en las malas. Se han desvivido por nosotros. ¿Cómo no debemos amarlos intensamente?

            Pero Dios Padre sobre pasa la grandeza, amor, bondad y cuidado que nuestros mejor padres terrenales pueden darnos. El nos cuidad 24/7. El ordena todas las cosas para nuestro bien. El no solo nos dio la vida sino que la sostiene cada segundo. Cada palpitar de nuestro corazón se la debemos a Dios. Y sobre todo aunque merecíamos la muerte eterna en el infierno, El envió a su Hijo unigénito para sufrir en pago por nuestros pecados. Para que todos y cada uno de ellos fueran perdonados gratuitamente.  Si grandes son algunos de nuestros padres más grande es el Padre que está en los cielos, Padre de nuestro Señor Jesucristo.

            Y Jesús nos dice algo más. El que ama a su padre, madre, hijo o hija más que a mí “no es digno de mí”. Lucas 14:26 lo pone más fuerte: “26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo.” Y si no podemos ser discípulos de Cristo porque hemos puesto a nuestra familia en primer lugar antes que a Cristo, no seremos salvos.

            Así que hermano, seguir a Cristo cuesta. Nos costará a veces decirle a nuestros padres e hijos: lo lamento, hacer lo que me pide van en contra de lo que Jesús manda, va en contra de mi fe, de mi amor por Jesús, va en contra de mi compromiso de vivir y seguir a Jesús en las buenas y en las malas.

            Pero eso no es todo. ¿Cuál es el costo de seguir a Cristo? Nos costará el perder la vida para hallarla.


III. Perder la vida para hallarla

            V. 38-39 “38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. 39 El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará”. ¿Qué significa tomar la cruz? Aunque todavía Jesús no había anunciado su muerte y los apóstoles ni se imaginaban que Jesús moriría crucificado. Para los discípulos era común relacionar el llevar la cruz con la muerte. La crucifixión en aquella época era común. Así que lo que Jesús desea que tengamos presente es que el que no esté dispuesto a seguirme incluso hasta la muerte, si se nos requiere, no es digno de mí. Y esto no solo para los ministros sino para todo cristiano.

            Y no solo eso. El versículo 39 tiene dos partes:

1. El que pierda la vida en martirio la hallará en la resurrección de los muertos. No por haberla merecido, lejos esté de nosotros ese pensamiento. Si no como promesa de Dios a los que sean llamados a sellar su fe con su sangre. Y…

2. El que pierda su vida al hacerla morir cada día al negarnos a nosotros mismos por seguir a Cristo también recibiremos la recompensa de la vida. Mateo 19:29 “29 Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna.”

            Que podemos decir de todo esto. Lamentablemente hay muchos en las iglesias que creen que seguir a Cristo no debe costar nada. Y cuando se encuentran con la realidad se apartan del evangelio. O procuran buscar una iglesia en donde no les recuerden el costo.

            Pero hermanos amados en el Señor, la vida cristiana es la vida más hermosa que podemos tener en este mundo. Es la única que nos sostiene en tiempos de prueba y nos capacita para superar con una mente sana toda prueba. ¿Cómo así? Porque Como dice Hebreos 12:5b-6 “No te desampararé, ni te dejaré; 6 de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre”.

            Pero esas bendiciones y gracia de parte de Dios implican unas responsabilidades y conlleva un costo. Si no estás dispuesto a pagar el costo, tristemente y con dolor en el alma te digo: no eres digno de Jesús. Quiera Dios que cada uno de nosotros cuente el costo de seguir a Cristo y no vivamos engañados.  

Sermón: Mateo 8:23-27 Jesús es el Dios de la naturaleza (La Prueba de la fe)

Mateo 8:23-27 “23 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. 25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26 Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. 27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?”

            Yo no sé si a ti a veces te ha dado el deseo de salir por ahí con el carro a la deriva, es decir, hasta dónde la “carretera” nos lleve. Salir por ahí sin rumbo explorando cosas nuevas, comer en cualquier lugar que encontremos, quedándonos a dormir en donde nos coja la noche. A veces como que deseamos hacer lago y no sabemos qué hacer o a dónde ir pero nos gustaría hacer algo distinto a lo de siempre. A veces yo he tenido ese sueño “loco”. Solo que hay dos cosas importantes que me lo impiden: el tiempo y el dinero.

            En esto yo pienso que a veces vemos la vida que nos rodea como algo que está a la deriva. Como si la vida que vivimos y las cosas que pasan en el mundo y alrededor nuestro suceden al azar. Pero hermanos, si Dios se ha revelado como un Ser racional que actúa en base a un plan todo abarcador y soberano, entonces no es lógico pensar así. Todo lo que sucede en este mundo es la historia del plan de Dios. Y todo lo que sucede en nuestras vidas es parte de lo que Dios ha determinado que suceda con un propósito que solo El sabe a ciencia cierta. Pero hay algo que sí podemos entender y tener claro: Todo lo que sucede es parte del entrenamiento que Dios ha desarrollado para fortalecer nuestra fe.

            Y es eso mismo lo que vemos aquí en la perícopa, o porción bíblica, de Mateo 8:23-27, Jesús calma la tempestad. Todo lo que pasa en tu vida Dios lo ha diseñado para fortalecer tu fe. Así que en este pasaje hay por lo menos tres cosas: La prueba de la fe, lo débil de la fe y la fortaleza de la fe. Veamos en primer lugar: la prueba de la fe.

I. La Prueba de la fe

            V. 23-24 “23 Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. 24 Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía.” El versículo 23 continúa el hecho de que Jesús iba a cruzar el Mar de Galilea hacia el lado este que hemos visto en el versículo 18. El suceso de Jesús calmar el mar aparece en los evangelios sinópticos esto es Mateo, Marcos y Lucas. Todos son complementarios siendo Mateo el más breve.

            Jesús entra en la barca y sus discípulos le siguen. Marcos nos dice que otras barcas, o barcos de pesca de aproximadamente 27 pies de largo y 7 pies y medio de años, acompañaban la barca en donde Jesús estaba. Los discípulos aquí son los 12 apóstoles y tal vez alguno que otro seguidor. Y en medio del Mar se desata una tormenta tan grande que las olas cubrían la barca, al punto de que comenzaba a hundirse. En Marcos 4:37 se nos dice que la barca “ya se anegaba”. Y Lucas 8:23 decía adicional “y peligraban”.

            Pero Jesús estaba allí mismo en medio de todo esto. Y nos dice Mateo que Jesús estaba profundamente dormido. Dice: “pero él dormía”. El verbo se encuentra en el imperfecto es decir es una acción continua en el pasado. El continuaban durmiendo sería una mejor traducción. Es decir, todo este revolú llevaba un tiempo ocurriendo. Posiblemente se desató el viento, las olas comenzaron a mover la barca, el movimiento del barco y el viento y las olas se siguen intensificando y en medio de todo esto Jesús permanece dormido. No cabe la menor duda que cuando Jesús se durmió El descansaba en los brazos de Dios. Dormía exhausto, pero dormía tranquilo; dormía en paz. Él podía decir el Salmo 4:8 “En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.” ¿Por qué podía dormir así? Podía dormir así porque Jesús tenía la confianza de que su Padre velaba sus sueños. Porque Él es su Hijo amado en quien Dios tiene complacencia. Y si esto es así podemos decir que esto que está sucediendo es parte del plan de Dios para probar la fe de sus hijos, de los discípulos.

            Hermanos, Dios revela muchas veces: que no podían tocar a Jesús porque su hora no había llegado. En una ocasión iban a lanzar a Jesús por un precipicio. Y nos dice Lucas 4:30 “30 Mas él pasó por en medio de ellos, y se fue.” Así que lo que tenemos aquí no fue algo que ocurrió por la casualidad. No hay casualidades en este mundo. Lo será para nosotros pero no para Dios quien ha preordenado todo lo que sucede y todas las acciones de los hombres.

            Podemos decir entonces que todo lo que nos sucede es una prueba de nuestra fe. Dios nos prueba constantemente por varias razones. A veces nos prueba para que veamos cuán fieles somos a Dios de veras. Mira el caso de David cuan infiel fue a Dios, a su esposa, al reino que Dios le había dado, al oficio que Dios lo puso. Él nos prueba para purificar nuestra fe. Así nos enseña Pedro. 1 Pedro 1:6-7 “6 En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, 7 para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo,”

            Así que hermanos si esto es así entonces todo lo que está pasando en el mundo y en Puerto Rico con los temblores, las tormentas y el Covid-19 no es otra cosa que una prueba de fe que Dios nos ha mandado. Para que veas con tus propios ojos cuán fiel eres a Dios, cuán comprometido eres a su causa y para enseñarnos de una vez y por todas cuán débil puede ser nuestra fe a veces sin nosotros saberlo. Es más creyéndonos fuertes descubrimos en medio de la prueba que no siempre es así. A veces tenemos una fe débil. Así que vemos en segundo lugar a una fe débil.

II. Lo Débil de la fe

            V. 25-26 “25 Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! 26 Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza.” Los discípulos llevan un rato tratando de bregar con el asunto de la tormenta. Y no habían despertado a Jesús posiblemente pensando que en cualquier momento se iba a despertar con la conmoción y saldría a salvarlos. Pero cuando vieron que el tiempo pasaba y que la barca comenzaba a hundirse se llenaron de pánico. Tal vez pensaron que era necesario que Jesús estuviera despierto para que El pudiera salvarles. ¡Cuán lejos están de la verdad! Hermanos, nuestro Dios no duerme ni se fatiga como dice Isaías 40:28 “¿No has sabido, no has oído que el Dios eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? No desfallece, ni se fatiga con cansancio, y su entendimiento no hay quien lo alcance.” Pero a veces se nos olvida esa gran verdad que nos llena de consuelo. Y cuando vemos que las cosas no se resuelven al momento creemos que Dios duerme y que hay que despertarlo.

            Entonces los discípulos procuran despertar a Jesús y le dicen: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!”. Y Jesús les dice: ¿Por qué teméis? No hay razón para temer. ¿Por qué están asustados? Cualquiera diría que es una pregunta de indiferencia. Estamos en peligro. La posibilidad de morir es una real. ¿No nos asustamos cuando algo así sucede? ¿No nos asustamos cuando anuncian que un huracán viene para PR? Después de María ya estamos asustados cuando se nos dice que ya ha comenzado la temporada de huracanes. Y es normal que así sea.

            Pero Jesús les reprende con amor. ¿Por qué les reprende? V. 26 “Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe?”. Aquí hay una reprensión amorosa de parte de Jesús. Y aunque amorosa no deja de ser una represión. ¿Cuál es la causa? Jesús les dice: su poca fe. Su poca confianza en Dios. Su poca confianza de que Dios tiene control de todo. No es que tuvieran temor en sí mismo. Todas estas cosas producen temor en nosotros. Es que su temor fue más allá del correcto. Cuando vieron que la situación no se arreglaba inmediatamente pensaron que si Dios existe no se preocupa de nosotros. Miremos Marcos 4:38 “Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos?”. ¿No te importa lo que está sucediendo? Tal actitud demuestra que su miedo estaba fuera de proporción. ¿Por qué esto? Por su poca fe. A veces Dios permite estas cosas para enseñarnos a pensar con cordura sobre nosotros mismos. Y esto lo podemos ver con respecto al Covid-19. Hay muchos hermanos en la fe que su temor es exagerado. ¿Qué esto es algo serio? No lo puedo negar. Que la prensa, los médicos y otros lo han sacado de proporción no cabe la menor duda.

            Y yo te pregunto ¿Cómo te sientes con respecto al mismo? ¿En medio de todo lo que nos está pasando en dónde tú estás parado? Esta misma pregunta le hizo Jesús a los discípulos según Lucas 8:25 “Y les dijo: ¿Dónde está vuestra fe?”. Por qué estás amedrentado les dice en Marcos. Yo estoy con vosotros. Nada pasa al azar. ¿En quién pones tu fe?  Los discípulos demostraron que en medio de la prueba su fe era una débil. Jesús deseaba que ellos pensaran de sí mismo correctamente. Hay muchos de nosotros que nos creemos que somos fuertes. Y hay veces que somos fuertes para una cosas pero cuando viene la prueba allí nos caemos.

            Ten siempre esto presente. Muchas veces Dios espera hasta el último momento en el cual a veces se piensa que ya no hay esperanzas para así mostrar la grandeza de su poder. Pero hermanos, Dios tiene control de la naturaleza. Y Jesús es Dios. Porque como Dios es el creador de la naturaleza y solo El la controla, la dirige, la somete. Jesús reprende los vientos y al mar, ambas cosas. Y hubo una gran calma. Así como hubo una gran tormenta. Y gran susto o temor, Jesús trajo a ellos, al mar, a los vientos una gran calma.

            En todo esto Jesús prueba su deidad. El no solo sanó inmediatamente la salud de aquellos que estaban al borde de la muerte y les restablece sus fuerzas inmediatamente, El calma los vientos y el mar inmediatamente con la Palabra de su poder. Mateo 8:26b “Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza”. Marcos 3:39 “39 Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza.” Es Jesús, es Dios, es el Espíritu Santo el único que puede producir una gran calma en medio de las pruebas. ¿A quién vas a acudir? ¿En quién pones tu fe?

            Todo esto sucedió para fortalecerles su fe en Dios.

III. La fortaleza de la fe.

            V. 27 “27 Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?” ¿Qué nos enseña Jesús aquí? Nos enseña que cuando entendemos quién es Jesús realmente en sí mismo y lo que El es para nosotros nuestra fe se va fortaleciendo. En otras palabras, nuestra fe se fortalece cuando entendemos y creemos que Jesús, nuestro Salvador y Dios no es cualquier persona. ¿Qué hombre es este? ¿Qué clase de hombre es este? NO hay nadie como El en el mundo ni en el universo. No hay parámetros para compararlo. No hay profeta, maestro ni nadie como Él. No hay comparación. Eso es lo que Dios busca con nosotros que aprendamos de una vez para siempre que no hay absolutamente nadie como nuestro Dios. Que el Rey que vino a salvarnos es incomparable. Solo El puede salvarnos del pecado porque solo Él hace que “los vientos y el mar le obedezcan”. El es el Dios de la naturaleza porque El es el creador de la naturaleza. No hay una madre naturaleza. Hay un Padre de la naturaleza y ese es el Dios Trino y uno.

            Pero hay algo más que podemos ver en este pasaje me enseñó D. Martyn Lloyd Jones. Aquí podemos ver la naturaleza de la fe verdadera. La fe verdadera aunque  a veces es débil siempre corre a los pies de Jesús.

            Y yo diría algo más. La fe verdadera puede ser débil o fuerte. Pero si es verdadera ha sido implantada por Dios Espíritu Santo derivando su gracia de la unión con Cristo por medio de la fe. Y por tanto, es una fe victoriosa. Es una fe que vence al mundo.

            ¿Cómo está tu fe en estos momentos? ¿En medio de todo esto está tu fe débil? ¿Está tu fe firme? Ruégale a Dios cada día: Señor auméntame la fe. Ayúdame a serte fiel en medio de esta prueba y de todas ellas. Ayúdame a pensar de mí con cordura. Ayúdame a creer que aunque parezca que estás dormido siempre estás conmigo. Reconócelo como el Dios de la naturaleza. Cree que Dios ha preordenado todo lo que sucede según su infalible presciencia. Y por tu fe en el incomparable Jesús tú Salvador y Rey y ten paz. Amén.  

Sermón: Mateo 8:18-22 Lo que cuesta seguir a Cristo

Mateo 8:18-22 “18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado. 19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. 20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza. 21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre. 22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.”

             Posiblemente tú conoces de alguien que por causa de la necesidad de tener un empleo decide enlistarse en el ejército. O tal vez el glamor de vestirse de soldado, los beneficios económicos y de educación han movido a muchos a enfilarse en la línea del ejército. Entran al mismo con una idea equivocada de lo que es ser soldado. Y cuando ven que conlleva largas horas de trabajo arduo, una disciplina rígida, una separación de su familia, un convertirse prácticamente en propiedad del ejército, entonces comienzan a aprender en dónde el grillo tiene la manteca.

            De alguno de ellos yo he escuchado que no bien han entrado ya están pensando en cómo salirse del mismo. E incluso algunos han llamado a sus padres llorando para ver cómo pueden lograr conseguir a alguien que logre sacarlos del ejército luego de haber firmado. Estos se enlistaron en las filas sin haber considerado lo que cuesta ser soldado.

            De esto habla nuestro Señor Jesús en esta perícopa del evangelio de Mateo.

            Aquí vemos a dos personas que han respondido favorablemente a la predica y las enseñanzas de Jesús. Habiendo oído las enseñanzas de Jesús, habiendo sido expuesto al evangelio de la gracia de Dios, viendo la autoridad de Jesús en sus enseñanzas y habiendo visto u oído de los milagros de sanidad de Jesús han decido “seguir” a Jesús. Es más ya uno de ellos, el segundo, era un discípulo o uno que ya había comenzado a seguir a Jesús. No necesariamente implica uno dentro del círculo de los 12 sino uno que ya ha comenzado a ir detrás de Jesús.

            ¿Cómo reaccionó Jesús? ¿Cómo reaccionamos nosotros si alguien nos dice que desea hacerse miembro de Jesús es la verdad? ¿Cómo reaccionan muchas iglesias ante tal situación? Muchas iglesias reaccionan con mucha alegría y rápidamente lo recibe como miembro de sus iglesias. ¿Pero es así como Jesús reaccionó? Jesús reaccionó hablándoles claro acerca de lo que cuesta seguirle. ¡Cuán importante para la iglesia y para cada uno de nosotros es considerar lo que cuesta seguir a Cristo! Jesús nos dice: cuesta el negarnos a nosotros mismos y cuesta el poner a Cristo primero sobre todo lo demás. Veamos.

I. Negarse a uno mismo

            V. 18 “18 Viéndose Jesús rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado.” Jesús se encuentra en el lado oeste del Mar de Galilea (el cual no es realmente un Mar sino un lago). Y viéndose rodeado de mucha gente, mandó pasar al otro lado o el lado oriental del Mar de Galilea. ¿Y nos preguntamos por qué hace esto Jesús? La gente le rodea. La gente le busca. ¿No debió Jesús aprovechar ese momento para seguir evangelizando y sanar a todos los enfermos que le trajeran? ¿Acaso Jesús no era un excelente evangelista? Claro que sí. Pero hermanos, no olvidemos que aunque Jesús es Dios sobre todas las cosas, El es también hombre. Y esto implicbaa que El también se cansaba. Y por tanto necesitaba tiempo a solas para descansar y para poder orar a Dios tranquilamente.

            Pero antes de partir al otro lado nos dice Mateo en el V. 19 “19 Y vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas.” Lo primero que deseo que vean es la persona que hace esa promesa. El es un escriba. Y esto significa que es una persona verdaderamente culta. Los escribas pertenecían a una clase de profesores y educadores quienes eran expertos en la Tora, es decir, en la ley de Moisés. Su vida era una dedicada a sus estudios y a enseñar. Era una vida intelectual. Pero este escriba y maestro llama a Jesús: maestro. Reconoce la superioridad de Jesús como maestro. Y le hace una promesa. Fíjate que no le pregunta a Jesús si puede ser su discípulo, sino que inmediatamente le promete: seguirle a dondequiera que Jesús fuera.

            ¿Y cómo reacciona Jesús? Jesús no cuestiona su sinceridad. El hombre aparenta ser sincero. Pero Jesús le dice: V. 20 “20 Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar su cabeza.” Jesús le contesta diciéndole que lo que pide incluye un sacrificio. El escriba no entendía que seguir a Jesús implica abnegación, sacrificio, servicio y sufrimiento. Y le dijo Jesús: Yo no tengo un techo en dónde resguardarme. Mi condición en un sentido es peor que las zorras y las aves. Ellas tienen guarida y nido y yo no tengo ninguno.

            Es más, esa fue la realidad de toda su vida y ministerio. Judea lo rechaza (Juan 5:18), Galilea lo expulsa (Juan 6:66), en Gadara le ruegan que se vaya de sus contornos (Mateo 8:34), en Samaria no quieren darle hospedaje (Lucas 9:53), y el mundo mismo no lo quiere aunque sí quieren a Barrabas (Mateo 27:23), y los cielos mismos lo desamparan (Mateo 27:46). Eso es lo que significa la frase el Hijo del hombre. Yo soy el Dios encarnado pero me encuentro en mi estado de humillación. Por tanto, considera lo que implica seguirme. Conlleva negarnos a nosotros mismo. Conlleva cierto grado de dificultad e incomodidad. Conlleva estar a la merced de la caridad de la gente. En otras palabras, seguir a Jesús implica abnegación y sacrificio. Sí hay bendiciones por seguir a Jesús. Hay riquezas espirituales. Pero siempre el camino es tortuoso y difícil. El camino que lleva a los cielos lo es a través del camino de la vía dolorosa.

            Hermanos, ser cristiano no es nada fácil. No es seguir mi vida como siempre pero que ahora digo que soy cristiano. No. Conlleva reconocer que nuestra vida sin Cristo no era vida realmente. Conlleva no vivir según vive el mundo ni seguir a la carne sino conlleva andar en el Espíritu, no satisfaciendo los deseos de la carne. Conlleva vivir en castidad antes del matrimonio, durante el matrimonio y después del matrimonio si eres viuda(o) o te has divorciado.  Conlleva hacer morir lo terrenal en nosotros: el orgullo, la vanidad, la soberbia, la carnalidad y apartarnos y luchar contra todo pecado sea grande o pequeño. Conlleva rechazar la pornografía y la práctica de convivir con mi novio(a). Y conlleva dejar la comodidad personal. Eso era lo que no entendía el escriba. El pensaba seguir a Jesús pero pensando que podía seguir viviendo una vida tranquila, cómoda. Una vida respetable delante de la sociedad. Continuar viviendo una vida meramente intelectual en su seguir a Jesús. Y Jesús le dice: la vida cristiana no es así. La vida cristiana no es una vida cómoda. Si a mí me odiaron a ti también de odiaran. Y si a mí me llamaron Belcebú, príncipe de los demonios, a ustedes también. Por eso Pablo nos habló claro en 2 Timoteo 3:12 “12 Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución;” Yo sé que no todo es negativo. Disfrutaremos del amor de Dios, de su cuidado paternal, de su provisión , de su perdón, de su presencia consoladora, de la comunión de los santos, de la comunión con los ángeles, con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, de la justificación, de la santificación, de la adopción como hijos, y de la vida eterna, etc. Pero nunca es una vida sencilla. Siempre, siempre habrá que segarnos a nosotros mismos y tomar la cruz diariamente.

            ¿Y te pregunto a ti? Tú que dices ser cristiano: ¿te estás negando por seguir a Cristo? ¿Estás tomando tu cruz todos los días? En otras palabras, está muriendo todos los días por seguir a Cristo. ¿O estás viviendo la vida cristiana cómoda? Jesús nos dice: que tal vida cómoda no es la vida cristiana. Seguir a Cristo cuesta el negarnos a nosotros mismos. Pero no solo eso, cuesta algo más nos dice Jesús.

II. Preferir a Jesús sobre todo lo demás

            V. 21 “21 Otro de sus discípulos le dijo: Señor, permíteme que vaya primero y entierre a mi padre.” Ya mencionamos que en este contexto ser discípulo no significa pertenecer al círculo íntimo de los seguidores de Jesús.

            Y antes de pasar al otro lado este “discípulo” le pone una condición a Jesús. Le llama Señor, lo cual implica un respeto a la persona o el reconocimiento que Jesús es Dueño soberano de todo. Y le pide permiso para primero ir a enterrar a su padre. A simple vista la petición parece una sensata. Es el deber de los hijos honrar a sus padres al ocuparse de enterrarlos una vez fallezcan. Como los judíos no “embalsamaban” como los egipcios era costumbre enterar a los muertos lo más rápido posible. Lo vemos claramente en el caso de Lázaro. Cuando Jesús llega ya hacía cuatro días que había muerto. Y lo vemos claramente en el caso de Ananías y Zafira. En Hechos 5:5-6 “5 Al oír Ananías estas palabras, cayó y expiró. Y vino un gran temor sobre todos los que lo oyeron. 6 Y levantándose los jóvenes, lo envolvieron, y sacándolo, lo sepultaron.” V. 9-10 “9 Y Pedro le dijo: ¿Por qué convinisteis en tentar al Espíritu del Señor? He aquí a la puerta los pies de los que han sepultado a tu marido, y te sacarán a ti. 10 Al instante ella cayó a los pies de él, y expiró; y cuando entraron los jóvenes, la hallaron muerta; y la sacaron, y la sepultaron junto a su marido.”

            Si te das cuenta al pedirle permiso de ir primero a enterrar a mi padre, se presume con esas palabras que su padre aún no ha muerto. Es posible que esté a punto de morir. Y también es posible que le falte algo de tiempo. Suena una petición razonable. Es el deber de los hijos honrar a sus padres.

            Pero qué le dijo Jesús. V. 22 “22 Jesús le dijo: Sígueme; deja que los muertos entierren a sus muertos.” ¡Wao! Increíble. ¿Qué quiere decir: deja que los muertos entierren a sus muertos? La idea es deja que los que están espiritualmente muertos sean los que se encarguen de entrar a los que están físicamente muertos. ¿Fue Jesús insensible? ¿Está Jesús pidiendo algo irrazonable? No. La palabra clave para entender este versículo es el adverbio: “primero” [en el griego es proton]. Significa primero, en primer lugar. Y Jesús le dice: No. Nadie puede tener el primer lugar sobre tu vida y sobre tu corazón.

            El creyente verdadero es uno que reconoce que Jesús es lo primero en su vida. Para él o para ella Jesús es lo primero. Y esto por encima de su propia familia, sus bienes e incluso sobre su propia vida. Posteriormente Jesús lo va a decir explícitamente para que no haya dudas de sus palabras. Busquemos Lucas 14:25-27 “25 Grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: 26 Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. 27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.” No es que no amemos a nuestros padres, ni que no amemos a nuestros cónyuges e hijos, ni que no cuidemos de nuestra vida. Si no que nada debe competir con el Señor Jesucristo. Jesús es el número uno en la vida de cada genuino creyente. Mi amor supremo lo es Jesús. Nuestro amor por Jesús debe siempre ser lo primero por encima de nuestro amor por nuestros esposas(os), hijos(as), hermanos(as) y aun también por encima de nuestra propia vida. Es decir, serle fiel a Jesús es más importante que mi propia vida. Y si por serle fiel tengo que morir: ¡Así sea!

            Hermanos, Dios nos escogió para sí. El nos rescató para hacernos sus hijos. Para que El sea nuestro Padre principal. Y nos ha dado su Espíritu Santo para hacernos moral y espiritualmente como El es. Nuestros padres y nuestra familia deben ser escalones que nos lleven a amar supremamente a Dios. No es que no los amemos. Es que los amemos pero que amemos primero y más a nuestro Creador y Redentor: el Dios trino y uno.

            ¿Qué es ser un creyente verdadero? Un creyente verdadero nos dice Jesús es uno que reconoce que Jesús es lo más maravilloso en su vida. Que El es su misma vida. Que ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. El es el todo. Tenerlo todo y no tenerle a El es realmente no tener nada. El creyente vive para Él. Vive agradecido del amor perdonador de Dios en Cristo Jesús. Mi vida El la define. Mi vida El la moldea. Temerle a El y buscar a gradarle en todo es el gozo del creyente. Y conlleva una vida de servicio, de sufrimiento, de negaciones y de darle la prioridad a El sobre todo lo demás. Eso es lo que Jesús nos enseña aquí. Seguir a Jesús es maravilloso. No hay nada en este mundo ni nadie en este mundo que satisfaga ni llene nuestro corazón y alma que el Señor Jesús. El es el único que perdona todos, todos nuestros pecados. El único que puede morar verdaderamente en nosotros. Consolarnos como nadie lo puede hacer. Salvarnos de la ira misma de Dios y darnos la vida eterna: llena de gozo, paz, felicidad. Pero conlleva negarnos a nosotros mismos y ponerle a El primero sobre todas las cosas. ¿Es esa tu fe? ¿Es eso lo que caracteriza tu vida? ¿Examinémonos y veamos si estamos en la fe? Amén.